La Florida, un proyecto de ciudad.

FUENTE FLORIDA 006.JPGDe los espacios verdes de Ciudad Rodrigo, el más significativo en su configuración urbana es, sin duda, La Florida. Se trata de un parque que los mirobrigenses consideramos como parte de nuestra identidad porque, aunque en los últimos años ha quedado un tanto oscurecido, lo cierto es que el recuerdo de lo que fue nos provoca una mezcla entre añoranza y melancolía. Probablemente tenga que ver con esa visión mágica del pasado y la niñez que condiciona los ojos con los que miramos algunas realidades presentes.

Sea como fuere, desde que se conoció la intención que tenemos de hacer una reforma del parque han sido muchos los comentarios, dimes y diretes, hipótesis y elucubraciones que se han venido produciendo. Algunos interesados, otros interesantes, aunque en su mayoría son reflexiones de personas que no conocen con detalle el proceso que hemos iniciado hace meses, que impulsé en mi última etapa al frente de la concejalía de Urbanismo de la mano del concejal de Medio Ambiente,  motivo por el que lo conozco a la perfección. Sirva este artículo como una aportación al debate y como aclaración de los términos del mismo.

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Una Escuela Infantil de tod@s y para tod@s.

Afrontamos esta legislatura con la ilusión de ser útiles y con el encargo (y el empeño) de dar un golpe de timón en las coordenadas y prioridades de la política municipal. Con independencia de todo lo demás, el objetivo es situar a las personas en un primer plano, y para ello es imprescindible que exista un desarrollo profundo de la política social que permita el cumplimiento de los derechos de la ciudadanía.

Pero si tuviéramos que identificar un símbolo, la Escuela Infantil podría jugar ese papel a la perfección. No en vano, las decisiones tomadas por el PP alrededor de la misma fueron la evidencia de la abismal diferencia entre los distintos proyectos políticos. Y, una vez que hemos tenido tiempo de actuar políticamente, merece la pena detenerse a analizar y revisar los debates mantenidos.

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Carta abierta a Pepe Casamar

Estimado Señor, no tengo por costumbre responder a quienes utilizan las atalayas de papel para lanzar artillería contra el gobierno municipal o mi persona, pero en esta ocasión, dado el cariz que ha tomado el artículo con el que nos desayunamos en la mañana de hoy, me veo en la obligación de escribir esta breve nota.

Con todos los respetos debo decirle que le tenía por una persona informada, aunque solamente sea por haber dedicado parte de su vida a explicar a la ciudadanía, a través de los papeles, las grandezas del poder. Pero en sus palabras demuestra usted no conocer la realidad, o peor aún, esconderla premeditadamente ¡y qué pensaría la ciudadanía si quien se hace llamar periodista mancillase la verdad de forma consciente!

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Reconciliarse con el asociacionismo.

participacic3b3n-ciudadana-677x300Como decíamos ayer, en ocasiones todo es tan sencillo como hablar. Años de desencuentro entre Ayuntamiento y asociaciones de vecinos. No por el fondo, sino por la forma. Que el debate sobre qué es subvencionable y qué no lo es se enquiste durante tanto tiempo responde indudablemente a un desacuerdo buscado, casi premeditado.

Que las asociaciones de vecinos no están en su mejor momento es una evidencia. Decir que el tejido vecinal no es lo que era es una cosa, y que no merezca la pena es otra bien distinta. Nada es lo que era. Todo se ha visto afectado por esa emergencia de nuevos valores de la postmodernidad, y la erosión de los años ha generado estragos en el conjunto de la sociedad. Ni los sindicatos son lo que eran, ni la escuela, ni los partidos políticos, los medios de comunicación… hasta las relaciones personales han mutado en direcciones insospechadas, generando conexiones digitales inconcebibles hace no tantos años. El vendaval ha arrastrado, para bien o para mal, casi todo lo existente con anterioridad, especialmente aquello que Zygmunt Bauman define como “sólido”. Cualquiera podría decir que el sentido de las asociaciones de vecinos ha desaparecido en un momento en el que la individualización y la creación colectivas ni tienen sentido, ni son seductoras para una gran parte de la ciudadanía.

Y, sin embargo, se mueve. Vivimos tiempos de demandas democráticas profundas. Los ciudadanos y ciudadanas piden progresiva y elevada participación en los asuntos colectivos y públicos. Legítimamente, hay un sector importante de la población que considera necesario el acercamiento entre representantes y representados. Pero frente a quien considera que la senda es la de la singularidad (ciudadano relacionado con institución), los hay que mantenemos la imperiosa necesidad de que transitar el camino de la pluralidad, creando espacios de debate, de propuesta y de pequeñas soberanías que permitan construir nuevas colectividades. Así, el municipalismo emerge como el espacio donde construir cambios, abordar esas mejoras, marco inigualable para una participación directa en los temas comunes y el fomento del asociacionismo un pilar fundamental de esa práctica.

Durante estos años, la estrategia institucional en la relación con el tejido vecinal mirobrigense ha sido la de la boa constrictor: apretar poco a poco, cada vez más, hasta que no quede aire que respirar. Retirando la subvención a las excursiones culturales, actividades que generan lazos afectivos, experiencias compartidas, posibilidad de nuevas relaciones personales… y dificultando, también, la edición de “Vecinos”, la voz del mundo asociativo vecinal. Irreverente, crítica, molesta y en ocasiones, huelga decirlo, muy injusta, pero en todo caso un instrumento propio de una asociación o conjunto de asociaciones para la difusión de sus actividades.

Frente a eso había una alternativa basada en la palabra, el diálogo y la virtud de hablar. Hemos estado varios meses negociando, en silencio, discretamente, con los representantes vecinales. Por un lado en el marco de las reuniones que estamos teniendo barrio a barrio con esas asociaciones para conocer realidades y urgencias. Por  otro, en reuniones con la directiva de la Federación de Vecinos para acercar posturas. Sin cambiar elementos positivos que se habían incorporado los últimos años a la convocatoria de subvenciones pero recuperando reivindicaciones justas y haciendo, a la vez, avances significativos. Y cediendo por ambas partes, hasta obligarnos a llegar a un acuerdo.

Deseo el inicio de una nueva era en las relaciones del Ayuntamiento con el conjunto del tejido social. Un entramado que debe seguir siendo reivindicativo e incómodo para quienes tenemos la responsabilidad de gobernar, pero que debe disponer de canales estables de participación y capacidad de actuar sobre las cuestiones municipales. Eso nos va a permitir hacer pedagogía, explicando lo que se puede y lo que no se puede hacer; implicar a la gente en las decisiones (como en el caso del tráfico en la Avenida de Salamanca), rendir cuentas (pronto presentaremos un programa para ello) y, ante todo, impulsar el movimiento asociativo incentivando a los mirobrigenses a participar del asociacionismo como mecanismo para construir un Ciudad Rodrigo mejor.

Dignificar la memoria

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Ángel Iglesias Ovejero, incansable luchador y estudioso, de los empeñados en rebuscar en papeles amarillos, sucios y viejos para poner rostro a los episodios de nuestra tierra, ha finalizado con éxito una investigación titulada la represión franquista en el sudoeste de Salamanca (1936-1948). Ha documentado a más de 900 víctimas que sufrieron eliminación física (asesinato), cárcel, depuración, sanciones económicas, exclusión de ayudas y desamparo por medio de juicios sumarísimos, expedientes gubernativos o las conocidas detenciones sangrientas, sacas domiciliarias, cese del puesto de trabajo en el caso de funcionarios y empleados… en un total de 20 pueblos de nuestro entorno.

Describe la represión organizada y sistemática, primero de una facción militar y posteriormente (durante y después de la guerra), de estado. Una acción basada en el terror que tomaba su legitimidad en el llamado del general Mola cuando señaló, en sus instrucciones reservadas, que “se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo” y, poco después, entre otras lindezas “es necesario propagar una imagen de terror (…), cualquiera que sea, abierta o secretamente, defensor del Frente Popular debe ser fusilado”. Muchos de ellos siguen, aún hoy, sin recibir decorosa sepultura y se encuentran en fosas comunes por distintos puntos de nuestra comarca… y del término municipal de Ciudad Rodrigo.

El reto de hacer justicia con nuestra historia no puede pasar por una posición equidistante (“era una guerra y las guerras son así”), que olvide el papel de cada uno (defensores de la democracia frente a defensores del fascismo y el nazismo) o, sencillamente, que no entienda que la dura represión se alargó mucho más allá del fin de la contienda militar, para formar parte del día a día de una maquinaria entre cuyos objetivos estaba la aniquilación de la disidencia política, cultural, académica y social.

La retirada de cualquier honor y reconocimiento público a quienes impulsaron un régimen dictatorial y criminal no es un capricho, sino un deber de los demócratas, en el marco de construir una sociedad que defienda los valores de la tolerancia, el pluralismo y los derechos humanos, y los promueva. Que una institución pública mantenga estatuas, calles o nada menos que medallas honoríficas a quienes debieron estar sentados en el banquillo como criminales de guerra y genocidas no es admisible en ningún país que se pretenda decente.

Dirán que hay otras cosas más importantes, como si fuera incompatible avanzar en la senda de la dignidad histórica y aprobar un presupuesto con mirada social o hacer gestiones en otras administraciones para la promoción del empleo. Como si la acción de gobierno no se basase en mantener abiertas muchas carpetas a la vez, dando la batalla en tantos y tantos frentes. Dirán, también que no es momento de revisar la historia, que la historia es lo que es, y no hace falta cambiarla, obviando que la escriben los ganadores y siempre a costa de los perdedores, y que la identidad y la fortaleza de nuestra sociedad se basa también en el aprendizaje sobre los propios errores.

Dice Jürgen Habermas que para aprender de la historia no podemos “reprimirla ni echarla a un lado”, sino afrontarla y mantenerla abierta a examen crítico permanente.  Los alemanes afrontaron con dolor sus experiencias más terribles e inhumanas, pero lejos de situarlas en el inconsciente colectivo todavía hoy continúan dando pasos para enfrentarse a ellas cara a cara y sabiendo claramente de qué lado se ponen en la contienda. Frente al olvido, ellos han decidido que los nazis solamente estén en los museos, que en las escuelas se explique el horror que supuso ese régimen, que los campos de concentración sirvan para ilustrar el terror allí vivido y erigir numerosos monumentos (que hoy siguen elevándose) para recordar algo que acabó hace 70 años pero que no quieren que vuelva a repetirse. En algunas calles se puede encontrar, a la puerta de una casa, unas pequeñas placas con el nombre de personas que allí vivieron y fueron asesinadas, deportadas o torturadas. Les recuerdan, porque están de su lado.

En nuestro país no hubo juicios de Nuremberg y el único condenado por el mayor genocidio de nuestra historia reciente ha sido el juez que intentó investigarlo, las calles se llenan de “generalísimos” y “primos”, como si no fuera una ofensa democrática y se pretende imponer el olvido como política nacional.

Aquí hemos dado pasos, naturalmente, y gracias a la acción que Javier Infante, Gorka Esparza y quien escribe comenzamos hace ya casi tres años, los pueblos y ciudades de nuestro entorno van retirando honores. Incluso Javier Iglesias, que negó hasta tres veces, se ha visto obligado a retirar, por sentencia judicial, la medalla que Franco tenía en la Diputación (por unanimidad). Frente a ese cambio de postura del PP en muchos lugares, en Ciudad Rodrigo siguen defendiendo la existencia de la medalla (en vías de retirada) y ponen problemas para quitar a los caudillos de nuestras señales. Pero nosotros seguiremos paso a paso, avanzando, y sabiendo que no se trata solo de quitar o poner, sino de recordar y dignificar.

 

 

Carnavaladas para la Murga

rondallaBuenas noches, queridos amigos y amigas, vecinos y vecinas y en especial, colegas de la Murga.

Además, este año buenas noches por partida doble porque debemos felicitarnos por la aparición de una Murga femenina. Si en los próximos años conseguimos una mixta, ya lo dejaríamos bordado.

Enhorabuena por las coplas bien compuestas y mejor ejecutadas. Si tuviera que apostillar algo simplemente diría que os ha faltado alguna referencia al tripartido. Ese tema se ha quedado corto.

Si digo murga, digo comedia, si digo murga, digo chiste, digo burla, ocurrencia, chanza, payasada, diversión, candonga. Si digo murga, digo pitorreo digo cachondeo, caraba, chufla, mofa, befa, chunga. Si digo murga digo chanza, digo chascarrillo, sutileza, chacota, guasa, gracia, agudeza, ingeniosidad, fiesta, jarana…

Pero sin duda el mejor sinónimo de todos los que podemos encontrar en los diccionarios, el que más de acerca a lo que nos congrega cada año en este teatro no es otro que… carnavalada. Carnavalada: acción o bromas propias del tiempo de carnaval.

Y seguro que en el resto de España una carnavalada es un arte menor, como la composición de entremeses entre las partes de una obra. Claro que en el resto de España no saben qué significa Carnaval. Aquí en Ciudad Rodrigo el Carnaval está tan arraigado y tiene tanta fuerza que, como ya nos dijo una ilustre periodista y pregonera lo utilizamos hasta como unidad de medida. A ver si os pensáis que eso de ACDC es “antes de cristo” y “después de cristo”. No os equivoquéis. Aquí en Miróbriga medimos el tiempo Antes del Carnaval y Después del Carnaval. Oye, ¿cuándo se arregla este bache? Después del Carnaval ¿y la farola esa fundida que lleva más de un mes? Después del Carnaval. Y por tanto, siendo el epicentro de nuestra actividad, algo que prácticamente hace que la ciudad se paralice durante un mes… hablar de una carnavalada en Ciudad Rodrigo es una cosa muy seria.

Murga. Carnavalada.

¿Qué sería del Carnaval sin esta Murga, sin la Rondalla Tres Columnas? ¿Qué sería del Carnaval sin la fiesta del descaro, de la hilarante crítica, de los chistes, de las rimas, el retintín, las referencias a los políticos y con un cariz más contemporáneo… ¿qué sería de nosotros sin las entradas a escena del nunca bien ponderado José Luis, el de Águeda o sin el pequeño Nicolás?

Esta fiesta, nuestra fiesta, el pagano Carnaval, es un excelente momento para para dejar en suspenso por unos días nuestros problemas y disfrutar de nuestra maravillosa gente, de los forasteros, para cantar y bailar, y para reírse de uno mismo.

Cuando veo a la murga me acuerdo de El Nombre de la Rosa, esa maravillosa novela en la que un monje franciscano mezcla de Guillermo de Ockham y Sherlock Holmes intenta resolver unos asesinatos en los que termina estando involucrado el segundo volumen de la poética de Aristóteles, dedicado a la comedia. En el Nombre de la Rosa la trama se desarrolla en un monasterio donde está prohibida la risa… y viene el tripartito y mete a la murga… en un convento. Acabáramos.

Lo dicho, muchas gracias por hacernos reír y especialmente muchas gracias por usar la sátira para la crítica política. No sé qué sería del Carnaval sin la Murga pero sí sé qué sería de nosotros mismos sin la risa y sin los chistes, sin las carnavaladas.

No lo olvidéis: bienaventurados los que se ríen de sí mismos, porque la diversión les durará toda la vida.

Hasta el año que viene, feliz Carnaval y feliz risa. Viva la Murga, Viva el Carnaval y vivan las Carnavaladas.

¿Una nueva era?

Recupero mi sección quincenal en “Es Radio Salamanca”, agradeciendo a Sonia Luengo que siga contando conmigo como colaborador en esta nueva etapa.

A partir de ahora iré colgando aquí mis columnas radiofónicas (el texto) en este blog, para dar contenidos y promover el debate. Ahí va lo emitido hace unos minutos:

Llegado el año nuevo, quizá el propósito fundamental sea el de coger distancia para poder añadir a los ojos del participante, las lentes del observador. Las fiestas y el parón navideño sirven para muchas cosas, pero también para esa tarea de reflexión sosegada, absolutamente imposible cuando, como en el día de hoy, la agenda echa humo.

Vengo de leer incesantemente a Eric Hobsbawm, reconciliándome con mi biblioteca y procurando dedicar el escaso tiempo libre a la tarea de afrontar la realidad inmediata desde una concepción global. Siempre acostumbrados a  utilizar el término “Era” para gigantescos saltos en la historia humana, sorprende como, Hobsbawn, colosal historiador, incorpora una sucesión frenética de “eras” desde la Revolución Francesa a esta parte. Pareciera como la disposición de los tonos en una cuerda a la hora de hacer música, algo que los músicos de cuerda que nos escuchen conocerán perfectamente. Si al inicio el salto de un tono a otro es abismal, a medida que nos acercamos al centro de la cuerda las distancias prácticamente no existen y casi se superponen. Nuestro relato histórico ha adquirido tales dosis de aceleración que estar alejado de la actualidad unos días puede suponer recuperarse en un momento político absolutamente desconocido. La velocidad y la incertidumbre son, seguramente, dos de los ingredientes esenciales a la hora de describir el tiempo que vivimos.

Centrando la mirada en nuestra realidad más cercana, la elección de las palabras dice mucho del observador. No es lo mismo decir que inauguramos la era de la inestabilidad que la del diálogo. No se le parece definir lo anterior como la era de los gobiernos responsables que como la del bipartidismo estructural. Que la cultura del diálogo se ha impuesto en la política española por la fuerza de los hechos es una realidad innegable, que lo consideremos una oportunidad de transformación profunda o un problema que debe resolverse cuanto antes, una elección de observador comprometido, incluso militante.

Mi opinión es clara y no tengo problema en volver a señalarla. La democracia consiste en la normalización de la diferencia política y la asunción de la palabra como instrumento para resolver los conflictos. El diálogo, la negociación y la búsqueda de consensos puede generar lentitud a la hora de tomar las decisiones, pero forma parte de la manera que hemos entendido como menos mala para afrontar los retos, pues la otra, la de los partidos únicos, la renuncia a las libertades o el silencio forzado por las armas ya lo hemos conocido, nuestras cunetas siguen llenas de esa sinrazón.

Creo que son momentos de transición, pasamos de una era a otra. Volvemos a subir un tono en la escala cromática y el curso de la historia continuará acelerándose… hasta que cambiemos a la cuerda siguiente.

El reto inmediato es el de formar un gobierno. En mi opinión, normalizar la palabra supone también normalizar el parlamento y el parlamentarismo, asumir como perfectamente democrático el acuerdo y la transacción. Hoy el Partido Popular debe reconocer que su mayoría absoluta ha conseguido que nadie en el parlamento quiera hacerse una foto ni con sus integrantes, ni con las medidas tomadas. Reflexión.

Ese es el inmediato, pero el reto importante es el de explicarle a la sociedad que la pluralidad no es sinónimo de caos, sino de enriquecimiento político. Si alguien, en este salto histórico, prefiere la táctica a la sinceridad y actúa de manera oportunista, que tenga muy claro que puede generar efectos perversos. No vaya a ser que el asalto electoral se convierta en blindaje de los de siempre, pues aunque los españoles están dispuestos a darle una oportunidad a la negociación, no está claro que estén dispuestos a darle una segunda.