Carta abierta a Pepe Casamar

Estimado Señor, no tengo por costumbre responder a quienes utilizan las atalayas de papel para lanzar artillería contra el gobierno municipal o mi persona, pero en esta ocasión, dado el cariz que ha tomado el artículo con el que nos desayunamos en la mañana de hoy, me veo en la obligación de escribir esta breve nota.

Con todos los respetos debo decirle que le tenía por una persona informada, aunque solamente sea por haber dedicado parte de su vida a explicar a la ciudadanía, a través de los papeles, las grandezas del poder. Pero en sus palabras demuestra usted no conocer la realidad, o peor aún, esconderla premeditadamente ¡y qué pensaría la ciudadanía si quien se hace llamar periodista mancillase la verdad de forma consciente!

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Reconciliarse con el asociacionismo.

participacic3b3n-ciudadana-677x300Como decíamos ayer, en ocasiones todo es tan sencillo como hablar. Años de desencuentro entre Ayuntamiento y asociaciones de vecinos. No por el fondo, sino por la forma. Que el debate sobre qué es subvencionable y qué no lo es se enquiste durante tanto tiempo responde indudablemente a un desacuerdo buscado, casi premeditado.

Que las asociaciones de vecinos no están en su mejor momento es una evidencia. Decir que el tejido vecinal no es lo que era es una cosa, y que no merezca la pena es otra bien distinta. Nada es lo que era. Todo se ha visto afectado por esa emergencia de nuevos valores de la postmodernidad, y la erosión de los años ha generado estragos en el conjunto de la sociedad. Ni los sindicatos son lo que eran, ni la escuela, ni los partidos políticos, los medios de comunicación… hasta las relaciones personales han mutado en direcciones insospechadas, generando conexiones digitales inconcebibles hace no tantos años. El vendaval ha arrastrado, para bien o para mal, casi todo lo existente con anterioridad, especialmente aquello que Zygmunt Bauman define como “sólido”. Cualquiera podría decir que el sentido de las asociaciones de vecinos ha desaparecido en un momento en el que la individualización y la creación colectivas ni tienen sentido, ni son seductoras para una gran parte de la ciudadanía.

Y, sin embargo, se mueve. Vivimos tiempos de demandas democráticas profundas. Los ciudadanos y ciudadanas piden progresiva y elevada participación en los asuntos colectivos y públicos. Legítimamente, hay un sector importante de la población que considera necesario el acercamiento entre representantes y representados. Pero frente a quien considera que la senda es la de la singularidad (ciudadano relacionado con institución), los hay que mantenemos la imperiosa necesidad de que transitar el camino de la pluralidad, creando espacios de debate, de propuesta y de pequeñas soberanías que permitan construir nuevas colectividades. Así, el municipalismo emerge como el espacio donde construir cambios, abordar esas mejoras, marco inigualable para una participación directa en los temas comunes y el fomento del asociacionismo un pilar fundamental de esa práctica.

Durante estos años, la estrategia institucional en la relación con el tejido vecinal mirobrigense ha sido la de la boa constrictor: apretar poco a poco, cada vez más, hasta que no quede aire que respirar. Retirando la subvención a las excursiones culturales, actividades que generan lazos afectivos, experiencias compartidas, posibilidad de nuevas relaciones personales… y dificultando, también, la edición de “Vecinos”, la voz del mundo asociativo vecinal. Irreverente, crítica, molesta y en ocasiones, huelga decirlo, muy injusta, pero en todo caso un instrumento propio de una asociación o conjunto de asociaciones para la difusión de sus actividades.

Frente a eso había una alternativa basada en la palabra, el diálogo y la virtud de hablar. Hemos estado varios meses negociando, en silencio, discretamente, con los representantes vecinales. Por un lado en el marco de las reuniones que estamos teniendo barrio a barrio con esas asociaciones para conocer realidades y urgencias. Por  otro, en reuniones con la directiva de la Federación de Vecinos para acercar posturas. Sin cambiar elementos positivos que se habían incorporado los últimos años a la convocatoria de subvenciones pero recuperando reivindicaciones justas y haciendo, a la vez, avances significativos. Y cediendo por ambas partes, hasta obligarnos a llegar a un acuerdo.

Deseo el inicio de una nueva era en las relaciones del Ayuntamiento con el conjunto del tejido social. Un entramado que debe seguir siendo reivindicativo e incómodo para quienes tenemos la responsabilidad de gobernar, pero que debe disponer de canales estables de participación y capacidad de actuar sobre las cuestiones municipales. Eso nos va a permitir hacer pedagogía, explicando lo que se puede y lo que no se puede hacer; implicar a la gente en las decisiones (como en el caso del tráfico en la Avenida de Salamanca), rendir cuentas (pronto presentaremos un programa para ello) y, ante todo, impulsar el movimiento asociativo incentivando a los mirobrigenses a participar del asociacionismo como mecanismo para construir un Ciudad Rodrigo mejor.

Dignificar la memoria

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Ángel Iglesias Ovejero, incansable luchador y estudioso, de los empeñados en rebuscar en papeles amarillos, sucios y viejos para poner rostro a los episodios de nuestra tierra, ha finalizado con éxito una investigación titulada la represión franquista en el sudoeste de Salamanca (1936-1948). Ha documentado a más de 900 víctimas que sufrieron eliminación física (asesinato), cárcel, depuración, sanciones económicas, exclusión de ayudas y desamparo por medio de juicios sumarísimos, expedientes gubernativos o las conocidas detenciones sangrientas, sacas domiciliarias, cese del puesto de trabajo en el caso de funcionarios y empleados… en un total de 20 pueblos de nuestro entorno.

Describe la represión organizada y sistemática, primero de una facción militar y posteriormente (durante y después de la guerra), de estado. Una acción basada en el terror que tomaba su legitimidad en el llamado del general Mola cuando señaló, en sus instrucciones reservadas, que “se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo” y, poco después, entre otras lindezas “es necesario propagar una imagen de terror (…), cualquiera que sea, abierta o secretamente, defensor del Frente Popular debe ser fusilado”. Muchos de ellos siguen, aún hoy, sin recibir decorosa sepultura y se encuentran en fosas comunes por distintos puntos de nuestra comarca… y del término municipal de Ciudad Rodrigo.

El reto de hacer justicia con nuestra historia no puede pasar por una posición equidistante (“era una guerra y las guerras son así”), que olvide el papel de cada uno (defensores de la democracia frente a defensores del fascismo y el nazismo) o, sencillamente, que no entienda que la dura represión se alargó mucho más allá del fin de la contienda militar, para formar parte del día a día de una maquinaria entre cuyos objetivos estaba la aniquilación de la disidencia política, cultural, académica y social.

La retirada de cualquier honor y reconocimiento público a quienes impulsaron un régimen dictatorial y criminal no es un capricho, sino un deber de los demócratas, en el marco de construir una sociedad que defienda los valores de la tolerancia, el pluralismo y los derechos humanos, y los promueva. Que una institución pública mantenga estatuas, calles o nada menos que medallas honoríficas a quienes debieron estar sentados en el banquillo como criminales de guerra y genocidas no es admisible en ningún país que se pretenda decente.

Dirán que hay otras cosas más importantes, como si fuera incompatible avanzar en la senda de la dignidad histórica y aprobar un presupuesto con mirada social o hacer gestiones en otras administraciones para la promoción del empleo. Como si la acción de gobierno no se basase en mantener abiertas muchas carpetas a la vez, dando la batalla en tantos y tantos frentes. Dirán, también que no es momento de revisar la historia, que la historia es lo que es, y no hace falta cambiarla, obviando que la escriben los ganadores y siempre a costa de los perdedores, y que la identidad y la fortaleza de nuestra sociedad se basa también en el aprendizaje sobre los propios errores.

Dice Jürgen Habermas que para aprender de la historia no podemos “reprimirla ni echarla a un lado”, sino afrontarla y mantenerla abierta a examen crítico permanente.  Los alemanes afrontaron con dolor sus experiencias más terribles e inhumanas, pero lejos de situarlas en el inconsciente colectivo todavía hoy continúan dando pasos para enfrentarse a ellas cara a cara y sabiendo claramente de qué lado se ponen en la contienda. Frente al olvido, ellos han decidido que los nazis solamente estén en los museos, que en las escuelas se explique el horror que supuso ese régimen, que los campos de concentración sirvan para ilustrar el terror allí vivido y erigir numerosos monumentos (que hoy siguen elevándose) para recordar algo que acabó hace 70 años pero que no quieren que vuelva a repetirse. En algunas calles se puede encontrar, a la puerta de una casa, unas pequeñas placas con el nombre de personas que allí vivieron y fueron asesinadas, deportadas o torturadas. Les recuerdan, porque están de su lado.

En nuestro país no hubo juicios de Nuremberg y el único condenado por el mayor genocidio de nuestra historia reciente ha sido el juez que intentó investigarlo, las calles se llenan de “generalísimos” y “primos”, como si no fuera una ofensa democrática y se pretende imponer el olvido como política nacional.

Aquí hemos dado pasos, naturalmente, y gracias a la acción que Javier Infante, Gorka Esparza y quien escribe comenzamos hace ya casi tres años, los pueblos y ciudades de nuestro entorno van retirando honores. Incluso Javier Iglesias, que negó hasta tres veces, se ha visto obligado a retirar, por sentencia judicial, la medalla que Franco tenía en la Diputación (por unanimidad). Frente a ese cambio de postura del PP en muchos lugares, en Ciudad Rodrigo siguen defendiendo la existencia de la medalla (en vías de retirada) y ponen problemas para quitar a los caudillos de nuestras señales. Pero nosotros seguiremos paso a paso, avanzando, y sabiendo que no se trata solo de quitar o poner, sino de recordar y dignificar.

 

 

Carnavaladas para la Murga

rondallaBuenas noches, queridos amigos y amigas, vecinos y vecinas y en especial, colegas de la Murga.

Además, este año buenas noches por partida doble porque debemos felicitarnos por la aparición de una Murga femenina. Si en los próximos años conseguimos una mixta, ya lo dejaríamos bordado.

Enhorabuena por las coplas bien compuestas y mejor ejecutadas. Si tuviera que apostillar algo simplemente diría que os ha faltado alguna referencia al tripartido. Ese tema se ha quedado corto.

Si digo murga, digo comedia, si digo murga, digo chiste, digo burla, ocurrencia, chanza, payasada, diversión, candonga. Si digo murga, digo pitorreo digo cachondeo, caraba, chufla, mofa, befa, chunga. Si digo murga digo chanza, digo chascarrillo, sutileza, chacota, guasa, gracia, agudeza, ingeniosidad, fiesta, jarana…

Pero sin duda el mejor sinónimo de todos los que podemos encontrar en los diccionarios, el que más de acerca a lo que nos congrega cada año en este teatro no es otro que… carnavalada. Carnavalada: acción o bromas propias del tiempo de carnaval.

Y seguro que en el resto de España una carnavalada es un arte menor, como la composición de entremeses entre las partes de una obra. Claro que en el resto de España no saben qué significa Carnaval. Aquí en Ciudad Rodrigo el Carnaval está tan arraigado y tiene tanta fuerza que, como ya nos dijo una ilustre periodista y pregonera lo utilizamos hasta como unidad de medida. A ver si os pensáis que eso de ACDC es “antes de cristo” y “después de cristo”. No os equivoquéis. Aquí en Miróbriga medimos el tiempo Antes del Carnaval y Después del Carnaval. Oye, ¿cuándo se arregla este bache? Después del Carnaval ¿y la farola esa fundida que lleva más de un mes? Después del Carnaval. Y por tanto, siendo el epicentro de nuestra actividad, algo que prácticamente hace que la ciudad se paralice durante un mes… hablar de una carnavalada en Ciudad Rodrigo es una cosa muy seria.

Murga. Carnavalada.

¿Qué sería del Carnaval sin esta Murga, sin la Rondalla Tres Columnas? ¿Qué sería del Carnaval sin la fiesta del descaro, de la hilarante crítica, de los chistes, de las rimas, el retintín, las referencias a los políticos y con un cariz más contemporáneo… ¿qué sería de nosotros sin las entradas a escena del nunca bien ponderado José Luis, el de Águeda o sin el pequeño Nicolás?

Esta fiesta, nuestra fiesta, el pagano Carnaval, es un excelente momento para para dejar en suspenso por unos días nuestros problemas y disfrutar de nuestra maravillosa gente, de los forasteros, para cantar y bailar, y para reírse de uno mismo.

Cuando veo a la murga me acuerdo de El Nombre de la Rosa, esa maravillosa novela en la que un monje franciscano mezcla de Guillermo de Ockham y Sherlock Holmes intenta resolver unos asesinatos en los que termina estando involucrado el segundo volumen de la poética de Aristóteles, dedicado a la comedia. En el Nombre de la Rosa la trama se desarrolla en un monasterio donde está prohibida la risa… y viene el tripartito y mete a la murga… en un convento. Acabáramos.

Lo dicho, muchas gracias por hacernos reír y especialmente muchas gracias por usar la sátira para la crítica política. No sé qué sería del Carnaval sin la Murga pero sí sé qué sería de nosotros mismos sin la risa y sin los chistes, sin las carnavaladas.

No lo olvidéis: bienaventurados los que se ríen de sí mismos, porque la diversión les durará toda la vida.

Hasta el año que viene, feliz Carnaval y feliz risa. Viva la Murga, Viva el Carnaval y vivan las Carnavaladas.

¿Una nueva era?

Recupero mi sección quincenal en “Es Radio Salamanca”, agradeciendo a Sonia Luengo que siga contando conmigo como colaborador en esta nueva etapa.

A partir de ahora iré colgando aquí mis columnas radiofónicas (el texto) en este blog, para dar contenidos y promover el debate. Ahí va lo emitido hace unos minutos:

Llegado el año nuevo, quizá el propósito fundamental sea el de coger distancia para poder añadir a los ojos del participante, las lentes del observador. Las fiestas y el parón navideño sirven para muchas cosas, pero también para esa tarea de reflexión sosegada, absolutamente imposible cuando, como en el día de hoy, la agenda echa humo.

Vengo de leer incesantemente a Eric Hobsbawm, reconciliándome con mi biblioteca y procurando dedicar el escaso tiempo libre a la tarea de afrontar la realidad inmediata desde una concepción global. Siempre acostumbrados a  utilizar el término “Era” para gigantescos saltos en la historia humana, sorprende como, Hobsbawn, colosal historiador, incorpora una sucesión frenética de “eras” desde la Revolución Francesa a esta parte. Pareciera como la disposición de los tonos en una cuerda a la hora de hacer música, algo que los músicos de cuerda que nos escuchen conocerán perfectamente. Si al inicio el salto de un tono a otro es abismal, a medida que nos acercamos al centro de la cuerda las distancias prácticamente no existen y casi se superponen. Nuestro relato histórico ha adquirido tales dosis de aceleración que estar alejado de la actualidad unos días puede suponer recuperarse en un momento político absolutamente desconocido. La velocidad y la incertidumbre son, seguramente, dos de los ingredientes esenciales a la hora de describir el tiempo que vivimos.

Centrando la mirada en nuestra realidad más cercana, la elección de las palabras dice mucho del observador. No es lo mismo decir que inauguramos la era de la inestabilidad que la del diálogo. No se le parece definir lo anterior como la era de los gobiernos responsables que como la del bipartidismo estructural. Que la cultura del diálogo se ha impuesto en la política española por la fuerza de los hechos es una realidad innegable, que lo consideremos una oportunidad de transformación profunda o un problema que debe resolverse cuanto antes, una elección de observador comprometido, incluso militante.

Mi opinión es clara y no tengo problema en volver a señalarla. La democracia consiste en la normalización de la diferencia política y la asunción de la palabra como instrumento para resolver los conflictos. El diálogo, la negociación y la búsqueda de consensos puede generar lentitud a la hora de tomar las decisiones, pero forma parte de la manera que hemos entendido como menos mala para afrontar los retos, pues la otra, la de los partidos únicos, la renuncia a las libertades o el silencio forzado por las armas ya lo hemos conocido, nuestras cunetas siguen llenas de esa sinrazón.

Creo que son momentos de transición, pasamos de una era a otra. Volvemos a subir un tono en la escala cromática y el curso de la historia continuará acelerándose… hasta que cambiemos a la cuerda siguiente.

El reto inmediato es el de formar un gobierno. En mi opinión, normalizar la palabra supone también normalizar el parlamento y el parlamentarismo, asumir como perfectamente democrático el acuerdo y la transacción. Hoy el Partido Popular debe reconocer que su mayoría absoluta ha conseguido que nadie en el parlamento quiera hacerse una foto ni con sus integrantes, ni con las medidas tomadas. Reflexión.

Ese es el inmediato, pero el reto importante es el de explicarle a la sociedad que la pluralidad no es sinónimo de caos, sino de enriquecimiento político. Si alguien, en este salto histórico, prefiere la táctica a la sinceridad y actúa de manera oportunista, que tenga muy claro que puede generar efectos perversos. No vaya a ser que el asalto electoral se convierta en blindaje de los de siempre, pues aunque los españoles están dispuestos a darle una oportunidad a la negociación, no está claro que estén dispuestos a darle una segunda.

 

 

 

Rendir cuentas para seguir impulsando la ilusión.

Cuando encabecé la candidatura de la coalición “En Común” a las elecciones municipales lo hice con el convencimiento de que la tarea más importante que teníamos por delante era la de generar una estructura institucional que pusiese los derechos de la ciudadanía como eje vertebrador de nuestras decisiones. No se trataba de gestionar lo existente, de mantener los programas cambiando la cara (esta vez amable) de quien los presenta, como si de un juego de sillas y sillones se tratase sino de impulsar iniciativas que supusieran un cambio de mirada, nuevos horizontes y que el camino, ese que se hace en cada paso, estuviera guiado por las necesidades, especialmente, de quienes más necesitan a las instituciones públicas.

En estos 6 meses se han tomado muchas decisiones y hemos intentado, con los aciertos y errores que acompañan inexorablemente a quien tiene que tomar decisiones diarias, que el proceso nos permitiese ir avanzando en una agenda de los derechos de la ciudadanía.

Hemos dado pasos para garantizar el derecho a la participación ciudadana, con medidas como el establecimiento del turno de ruegos y preguntas en los plenos, la creación de consejos sectoriales (pendientes de constitución), la derogación del tasazo y la consiguiente apertura de los espacios municipales o la puesta en marcha de consultas sobre distintos asuntos como el árbol gordo o el tráfico en la Avenida de Salamanca o un régimen de encuentros sistemático con el tejido asociativo municipal. En los próximos meses tenemos todavía una intensa agenda en este sentido con medidas que no cuestan dinero y que tienen que ver exclusivamente con la voluntad política.

Vinculado a esto, el derecho a la información y la transparencia se está trabajando. Esperamos presentar un portal de la transparencia, con mucha de la información relevante sobre la gestión municipal en los próximos días, se ha avanzado notablemente en la transparencia en la contratación municipal y se rinden cuentas de los gastos de distintos eventos desde una perspectiva de buen gobierno.

Creíamos, y seguimos convencidos, de que determinados servicios públicos existen para cubrir derechos de ciudadanía, como es el caso de la Escuela Infantil, ahora más accesible y con unos precios públicos que facilitan que ningún niño o niña se quede fuera por motivos económicos, dado que entendemos que forma parte de su derecho a la educación. El hecho de habilitar salas de estudio o el impulso que supone la firma de un convenio de colaboración con la Universidad de la Experiencia hace que la concejalía de educación se vincule a todas las franjas de edad.

Mientras seguimos felicitándonos por el año nuevo, bisiesto y de incertidumbre, en Ciudad Rodrigo nos podemos también felicitar por un presupuesto nítidamente social, que ha conquistado aquella visión que las gentes progresistas y de izquierdas reclamábamos en anteriores legislaturas. Que permite, entre otras cosas, el impulso de la dinamización social en los ámbitos de infancia, juventud y mayores, como parte de una decidida actuación social. Naturalmente, algunos de los proyectos existentes se han mantenido, pero el esfuerzo de Alejandra Méndez durante estos meses ha sido sentar las bases para una nueva política de dinamización que ahora con este presupuesto puede comenzar a ejecutarse de manera inmediata. Consultar a los jóvenes y promoviendo actividades vinculadas a sus necesidades e intereses o el impulso que supondrá la nueva programación en el Espacio Municipal para la Igualdad son ejemplos de esta nueva forma de hacer política.

Han pasado ya más de 6 meses desde que el equipo de gobierno tomó posesión y comenzó a gestionar las transformaciones que necesita Ciudad Rodrigo. Unos cambios que no únicamente suponen el cambio de discurso sobre las prioridades municipales sino que deben concretarse en acción específica de todos y cada uno de los departamentos. Va siendo hora de comenzar a evaluar desde una perspectiva constructiva, seguramente de repensar muchas cuestiones y, en definitiva, de identificar el grado de cumplimiento de los programas electorales y la salud del acuerdo de gobierno tripartito. Evaluar para mejorar, para resolver problemas y también, en una perspectiva de gobierno abierto, para rendir cuentas ante los ciudadanos y ciudadanas. Lo que toca, en definitiva, es comenzar este 2016 con la misma ilusión que nos ha iluminado estos meses, sin miedo a hablar con todos y de todo.

 

Sobre la medalla de la Diputación

Ante el hecho, conocido durante el día de hoy, de que la Diputación Provincial ha decidido por unanimidad la retirada de la medalla que el dictador Franco todavía ostentaba en esa institución, como firmante de la demanda en la que tiene origen el procedimiento, deseo  trasladar las siguientes consideraciones:

  1. Que una institución pública retire por unanimidad los honores y distinciones que el dictador tiene siempre ha sido una buena noticia. Hoy, por tanto, es un día feliz para la democracia y para la memoria histórica.
  2. Debe recordarse que este hecho no se habría producido de no ser por el procedimiento judicial iniciado por Izquierda Unida en su momento, en el que yo fui, en calidad de coordinador provincial de la organización y a  título particular demandante, Gorka Esparza el letrado y Javier Infante uno de los asesores principales. A estas personas, así como a cuantas han venido acompañándonos en este y otros procesos (por ejemplo el que tiene que ver con el medallón de la Plaza Mayor de Salamanca) quiero agradecerles el trabajo realizado, al mismo tiempo que felicitarles por el logro y el avance que supone para una noble causa como es la de la recuperación de la memoria democrática.
  3. Igualmente, hay que recordar que la Diputación Provincial y su Presidente actúan con posterioridad a una sentencia judicial y como consecuencia de ella, y no tomando la iniciativa cuando se intentó este procedimiento a través de la vía política y administrativa. Se trata, además, de la segunda ocasión en la que Javier Iglesias y las instituciones que preside se ven reprendidos por los tribunales por no cumplir la Ley de Memoria Histórica puesto que una sentencia idéntica a la de la Diputación se dictó en el caso del Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo con objeto de la negativa del Sr. Iglesias a realizar los trámites necesarios. En ambos casos el procedimiento judicial ha supuesto un gasto evitable para las arcas de la institución al haber una expresa condena en costas.
  4. En todo caso, hay que destacar y manifestar como muy positivo que el grupo popular de la Diputación de Salamanca haya votado a favor de esta medida puesto que supone un positivo cambio de criterio. Un criterio, además, que al estar encabezado por el actual presidente provincial del PP en Salamanca (que firma la propuesta trasladada al Pleno de la Diputación), debería ser una guía para cuantos concejales y alcaldes de este partido se niegan, en distintos puntos de la provincia, a tomar decisiones de este tipo.
  5. En este sentido, hago un llamamiento al portavoz del grupo popular en el Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo, D. Marcos Iglesias Caridad, a que reconsidere la posición mantenida en el pleno cuando se trató este asunto, dado que fue precisamente la medalla y no otro tipo de cuestiones lo que motivó que su voto no fuera positivo. Su argumentación de que “carece de efectos jurídicos” y “es un gesto de cara a la galería” parece no haber convencido al presidente de su partido a nivel provincial.
  6. Igualmente, si bien consideramos (quienes mantenemos abierta una demanda contra el Ayuntamiento de Salamanca) como apropiado el cambio de criterio del Alcalde de Salamanca en relación a distintas calles y símbolos (por motivo de la existencia de distintas causas abiertas en los tribunales) pero hago un llamamiento a que adopte esta línea como definitiva en el caso del medallón de la Plaza Mayor de Salamanca para evitar que sean los tribunales los que tengan que volver a manifestarse al respecto.

Firmado: Domingo Benito Lucas