El Pacto de la Vergüenza

Me entero por Menéame, tan aclamada por alguno estos días (y seguirá siendo, por lo visto), de que en Tiempo, revista de difícil definición sin herir la sensibilidad colectiva, anuncian un posible pacto secreto entre el PP y el PSOE para evitar hablar de los casos de corrupción.

Lo cierto es que la cosa tiene su lógica. A estas alturas de la que está cayendo, muchos nos hemos dado cuenta de que la Gürtel no va a debilitar al PP. Pero ni siquiera el PSOE tiene intención en seguir metiendo el dedo en esa llaga, pues “las ranas” que les van saliendo son igualmente sonoras. Dicho lo cual, y si lo que dice Tiempo es verdad (corramos un tupido velo) nos encontraríamos en nuestro país con al menos dos situaciones cuanto menos variopintas (por no decir inaceptables).

Por un lado, con los dos partidos mayoritarios haciéndose el “calla tontorrón” con un asunto para nada secundario. La calidad política de este país seguiría rozando mínimos toda vez que algo de tanto calado, como son las normas de decencia pública, quedara fuera del debate.

Por otro, la persecución pública y judicial de aquellas personas y organizaciones que fundamentan parte de su actividad en la lucha contra esta lacra. Garzón acorralado por unos colectivos e individuos con trayectorias vomitivas mientras Fabra se permite el lujo de atacar ferozmente a Marina Albiol.

Decía Sampedro en una entrevista que he escuchado esta mañana que estamos en el ocaso de una civilización y que la causa de ello era la pérdida de algunos valores. No soy tan pesimista como nuestro ilustre escritor, economista y académico (lo del fin del modelo se lleva diciendo desde 1848 por lo menos) pero lo que sí tengo claro es que nuestra democracia cojea por muchos sitios y estas patadas que se le vienen dando no son nada terapéuticas.

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