Notas sobre la participación ciudadana (I)

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Dice Adela Cortina que uno de los grades retos de las sociedades contemporáneas es resolver la contradicción entre una ciudadanía preocupada casi exclusivamente por sus necesidades individuales y la necesidad democrática de que esos mismos ciudadanos construyan espacios colectivos.

Tras varias décadas de apatía galopante, el impacto de la crisis económica ha resquebrajado los anclajes sociales de colectivos que nunca habían visto amenazado su modo de vida. Desprendido el velo, cuestiones como la defensa de los servicios públicos, la necesidad de la ética política o la corresponsabilidad en las decisiones públicas han emergido de nuevo a la agenda, tras la revitalización del tejido social. La buena noticia es que muchos de los que antes contemplaban las demandas y reivindicaciones sociales desde su sillón, con desatención y distancia, se han sumado en diferentes esferas al debate público, o directamente a la acción. La otra cara de la moneda la vemos cuando las decisiones que afectan a los derechos de la gente se convierten en política espectáculo o sencillamente se realizan planteamientos tan simplistas que impiden una verdadera reconstrucción democrática.

Que España pase de ser un país que jalea a corruptos (recordemos las hordas ciudadanas abucheando a la policía en las detenciones del caso Malaya) a uno en el que crece el interés por las cuestiones políticas es una gran noticia, sin duda. Pero ese cambio de perspectiva ha dejado al descubierto un déficit institucional en materia de participación democrática. Apenas existen mecanismos, o los que hay están tan manidos y sesgados que no mantienen los mínimos exigibles para considerarlos como tales, salvo honrosas excepciones.

Sin duda, la participación y la corresponsabilidad en las decisiones ofrecen muchas ventajas y son aconsejables independientemente de la demanda ciudadana. En primer lugar, porque los poderes públicos, a todos los niveles, deberían fomentar que dicha necesidad existiese. Se trata de un principio de concepción de la democracia y de defensa de la misma: no abonar el interés por lo público conduce a situaciones indeseables. En segundo lugar, porque la participación implica cuestiones mucho más profundas que la toma de decisiones. Para que haya verdaderos procesos de debate colectivo ha de haber información y transparencia (no se puede decidir seriamente sobre algo que se desconoce), rendición de cuentas, evaluación permanente y confianza institucional.

El municipio, la ciudad, el pueblo, es, sin duda, el ámbito con mayores posibilidades. Se trata de la administración más cercana a los ciudadanos y donde los problemas y las realidades se palpan en lo cotidiano. Las más ambiciosas y mejores propuestas de participación se han ideado para ser aplicadas a nivel municipal. El presupuesto participativo de Porto Alegre nació como una “utopía irrealizable” y hoy es una realidad consolidada en miles de localidades de todo el mundo, donde la soberanía popular se desarrolla en una comunión entre políticos, técnicos y ciudadanos que elaboran, entre todos, las prioridades que debe afrontar su municipio.

En el fondo se trata de hacer pedagogía política. No sólo de compartir las decisiones, que es el último escalón, sino la identificación de los retos, el análisis de las problemáticas, la definición de las prioridades, el conocimiento de las contradicciones y el mayor condicionante de toda actuación pública: no se puede hacer todo, y por tanto hay que elegir.

Reducir la barrera entre representantes y representados es una tarea titánica, pero que el ámbito municipal, y en especial en lugares como Ciudad Rodrigo, puede llevarse a cabo. No es una labor de una legislatura sola, sino de un proyecto de ciudad donde todos y todas se sientan parte, conozcan la realidad y puedan tomar las decisiones. Las más sencillas y las más complejas.

18 años de teatro. 18 años de Feria

img_403983Conocí a Denis cuando yo era tan joven y él ya tan sabio que ni siquiera puedo acordarme. Debo reconocer que los inicios no fueron tan buenos en aquel taller de teatro en el que comenzábamos a bailar como mariposas, como si eso no fuera suficiente para un adolescente cargado de vergüenza y aterrado por las miradas ajenas. Entre la maraña de recuerdos huidizos hay bailes, sonrisas, máscaras, telas, telones, mucha música y el fragor de la batalla por robar una bestia de nombre irlandés impronunciable. La memoria es personal e intransferible y la Plaza de San Salvador quedó desde entonces grabada a fuego como escenario del descubrimiento, la danza y la mirada de un toro tras la que se escondían los grandes temas de la humanidad.

Denis narrador de fábulas, cómico ambulante o trágico sin rumbo, su periplo por el noble arte teatral ha dado muestras de brillantez y elegancia. No tengo la suerte de haber disfrutado tanto de él, pero aún tengo grabada en la retina una tarde mágica en el teatro León Felipe de Sequeros festejando el día mundial del teatro. Pudo ser en 2010 cuando quienes allí estábamos terminamos con el pelo erizado, la piel de gallina y abordados por un torrente de sensaciones. Rafter, el otrora espantapájaros, apareció en el escenario para meterse en la piel de Hamlet en su lengua materna y conseguir ante el público la sensación de que el tiempo se había parado.

Denis Rafter, amigo íntimo de la Feria de Teatro, será el encargado de hacer el discurso inaugural en su decimoctavo cumpleaños. La ciudad se engalana y Miróbriga se convierte en la ciudad del teatro, en el escaparate de las artes escénicas mientras la emoción y el color empapan cada esquina. Esta vetusta ciudad se convierte en icono de la cultura, punto de encuentro, próspera plaza iluminada por los deseos hechos realidad al ver el gentío alegre disfrutando, los niños jugando y la maquinaria engrasada de un proyecto que ha demostrado saber caminar. Cuando el martes se levante el telón todo terminará de empezar para el público entregado y empezará a terminar para quienes empujan durante todo el año para que esta fiesta sea posible.

Y entre tanto, falta Rosa. Ciudad Rodrigo no se entiende hoy sin la Feria de Teatro. Forma parte de su identidad, de sus secretos y de la vida de los mirobrigenses. Y la Feria de Teatro no se entiende sin Rosa García Cano. Todavía mantiene la huella, el aliento y la delicadeza de su alma máter, la que supo imprimir el carácter para que hoy podamos decir que nos encontramos ante el mayor evento cultural que ocurre en Ciudad Rodrigo.

Rosa García Cano tuvo su merecido homenaje cuando la Corporación decidió otorgarle la medalla de la ciudad. Su aportación al desarrollo social, cultural, educativo y económico de nuestro municipio y de esta tierra la hace un personaje esencial para comprender qué es y qué puede ser Ciudad Rodrigo en pleno siglo XXI. A partir de mañana, el Teatro Nuevo Fernando Arrabal, una de las sedes principales del gran escenario en que se convierte Miróbriga, albergará una placa en su recuerdo, coincidiendo con la mayoría de edad del proyecto que ha dejado marcadas las vidas de varias generaciones de mirobrigenses.

El martes comienza la XVIII Feria de Teatro de Castilla y León, casi nada. 18 años supone que hay al menos dos generaciones que no entienden Ciudad Rodrigo sin este evento. Y yo formo parte de una ellas. La tarea que las distintas instituciones, los organizadores y el conjunto del tejido municipal tenemos por delante es garantizar su continuidad y trabajar para que las próximas generaciones puedan seguir diciendo que Ciudad Rodrigo, su ciudad, es la ciudad del teatro.

Martes Chico: crónica de un salto al vacío

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Durante esos días la segunda planta del Ayuntamiento parecía un torbellino. Se habían sucedido reuniones de todo tipo con técnicos, trabajadores municipales, empresas adjudicatarias y grupos políticos. No habían pasado tres semanas desde la investidura y la cantidad de expedientes sobre las mesas de los concejales hacía que las jornadas volasen. Vivimos a una velocidad de vértigo. Con todo ello, cuando el Alcalde nos comunicó su decisión de cambiar el Martes Mayor tal y como había anunciado en la campaña y en las conversaciones para formar gobierno; apenas le dimos importancia. Comienzó a llover.

La respuesta no se hizo esperar y algunos argumentos razonables (cometimos el error de no consensuar la decisión) se entrelazaron con intereses partidarios, temores y esa amarga sensación, falsa pero amarga, de que el gobierno estaba dando palos de ciego. Cuando a todo este mejunje se le suma la noticia de que habrá, no uno, sino dos Martes, uno grande y uno chico… llega la tempestad.

Gobernar no es solamente gestionar lo existente. En ocasiones es saltar al vacío, y esa fue la decisión que tuvimos que tomar en el despacho de la Alcaldía el 3 de Julio, viernes, en una hora que debía rondar las dos de la tarde. Tras la inauguración de una exposición en la Casa de la Cultura, convoqué de urgencia al grupo municipal de IU. Teníamos muy poco tiempo para tomar la decisión pero en esa reunión, de apenas 10 minutos, descubrí de nuevo la importancia de formar parte de una organización con programa y que ha reflexionado mucho sobre nuestra ciudad.

La voracidad de la oposición  era palpable, el chismorreo general asfixiante y la presión social y mediática crecía cada hora que pasaba: Ciudad Rodrigo no entendía lo que estaba ocurriendo. Dudábamos entre pedir al Alcalde que diera marcha atrás y esperase un año o dar nuestro apoyo a dos martes en el mismo espacio y, en aquel momento, con una parte muy importante de la ciudad en contra. Fue Manuel Choya quien me recordó que, varios años atrás, en una de nuestras asambleas se discutió la necesidad de descentralizar la actividad cultural y de impulso comercial y que a la hora de afrontar esta medida debíamos tener en cuenta a los barrios. Que habíamos teorizado, y teníamos escrito en uno de nuestros programas, la celebración de este tipo de eventos en La Glorieta. La tercera vía era abrir nuevas ilusiones, proponerle a un barrio entero la celebración de este Martes Chico como antesala de un gran Martes Mayor.

Salí de la reunión con mi grupo llevando una propuesta bajo el brazo, crucé el diminuto pasillo que enlaza el despacho del Teniente Alcalde con la Alcaldía y en apenas 5 minutos había un acuerdo. En menos de una hora habíamos convocado al Jefe de la Polícia Local para diseñar los cortes de tráfico, al servicio de obras para trazar el plano y calcular las posibilidades y a la trabajadora encargada para diseñar toda la estrategia, el cartel y las convocatorias.

El lunes a primera hora hubo Junta de Portavoces. El Partido Popular, como había anunciado, se posicionaba completamente en contra. Minutos después ofrecimos una rueda de prensa explicando el proyecto y acto seguido estábamos convocando a los comerciantes de la zona para trazar la necesaria alianza. Acudieron más de cuarenta y el ambiente era puramente constructivo. Tras la tempestad, llegó la calma. Y con la calma, la expectación.

El resto de la historia es perfectamente conocida. El éxito ha sido abrumador, indiscutible y ha supuesto la antesala de un Martes Mayor que ya ha sido noticia a nivel regional.

Gobernar es también resignificar los espacios, marcar otras prioridades y ser capaces de tejer nuevos horizontes. Como digo, en este trayecto se han cometido errores, algunos de ellos graves, pero como gobierno y como municipio hemos aprendido mucho. Y ya forma parte del balance.

  • Artículo publicado en El Norte de Castilla, edición Salamanca, el 9 de Agosto de 2015.
  • Fotografía de La Gaceta de Salamanca.

Una escuela para los derechos

Bajar el precio de un determinado servicio es una medida con muy buena acogida entre la ciudadanía, por lo general. Pero no se trata de aprovecharse (electoralistamente) de ello, sino de buscar una justificación y un relato a la acción de gobierno para que el resto de decisiones formen parte de la misma sinfonía. No es demagogia, es tener clara una postura política. Un planteamiento que no tiene un carácter puntual, sino que profundiza en un determinado modelo de convivencia dando coherencia a las diferentes actuaciones.

La reforma de los precios públicos de la Escuela Infantil por la que hemos apostado debe entenderse como parte de esa proyección de municipio que tenemos en la cabeza. Uno en el que los derechos de los ciudadanos y ciudadanas son la piedra de toque de todo el armazón que se va construyendo, poco a poco, resolviendo innumerables conflictos y contradicciones, pero siempre con la meta a la vista, aunque la ruta pueda sufrir modificaciones importantes por los inconvenientes de la orografía.

Como en la mayor parte de las ocasiones no se trata exclusivamente de la oportunidad, sino de un debate político que se resuelve cuando se contestan determinadas preguntas. Si el servicio público “Escuela Infantil José Manuel Hidalgo” de Ciudad Rodrigo tiene como objetivo facilitar la conciliación de la vida laboral y familiar, la forma de articularla será una. Si, por el contrario, este mismo servicio público consideramos que tiene como objetivo facilitar a los niños y niñas un espacio de socialización y educación temprana, la implicación municipal debe ser otra muy distinta.

Ni siquiera son dos posturas absolutamente enfrentadas como si de “tipos ideales” se tratase. En absoluto, eso solo ocurre en la política ficción. La política real, la del día a día, debe enfrentarse a innumerables matices, entuertos y recovecos. En realidad, la Escuela Infantil cumple ambos propósitos, pero la tarea del responsable político es saber a cuál de los dos dar más protagonismo, cuál de ellos procurar garantizar.

El Partido Popular defendió con ahínco, claridad (en eso no podemos negar la máxima transparencia) y de forma reiterada que su prioridad era la conciliación de la vida laboral y familiar. Era una postura legítima y las distintas decisiones que se tomaron fueron perfectamente coherentes visto el punto de partida.

Frente a ese planteamiento político, fundamentalmente político, confrontaba el de quienes defendimos desde el inicio que, en la filosofía que impregna todas las actuaciones, debía primar el derecho de los niños y el componente educativo. Por eso desde un primer momento señalamos que la solución ideal, la mejor de todas, es la modificación de la Ley de Educación para integrar este servicio como uno de los que las administraciones públicas deben ofrecer y promover. Y, derivado de lo anterior, debería existir un compromiso de que la red de escuelas infantiles públicas de la Junta de Castilla y León llegase a todos los rincones. No dándose ninguna de estas dos situaciones, que no están en manos del equipo de gobierno de Ciudad Rodrigo, considerábamos que el Ayuntamiento debía avanzar hacia un sistema de precios que facilitase que nadie se quede fuera por motivos económicos.

Por eso, a la hora de hacer la propuesta de modificación hemos actuado desde la absoluta convicción de que los niños y niñas de Ciudad Rodrigo no son sólo “hijos de alguien”. Más al contrario, creemos que son también ciudadanos y ciudadanas con derechos que los poderes públicos deben garantizar todo lo posible, y con deberes que ya serán exigibles en el futuro. Y es este matiz, el de entender que el servicio está vinculado a los niños y niñas (es su derecho, en el marco de su educación y su desarrollo personal) y no como un derecho de los padres a conciliar la vida laboral y familiar, el que hace que la estructura de precios sea una y no otra. Sabemos que queda mucho por andar, pero ya tenemos claro el camino a recorrer.

  • Artículo publicado el 26 de Julio en El Norte de Castilla, edición Salamanca.

Expedición a lo desconocido

Pasear por veredas desconocidas tiene lo mismo de peligroso que de edificante. El paraje cartografiado es cómodo para el disfrute cotidiano, pero apenas alimenta el alma. Retirar maleza, no encontrar el horizonte y adentrarse hacia terrenos inexplorados no garantiza un viaje placentero, ni siquiera éxito, pero únicamente asumiendo ese riesgo se dibujan nuevos caminos.

Hace ya unos cuantos años, nada menos que siete, un variopinto grupo de jóvenes decidimos coger el testigo de un proyecto político. Eran tiempos duros, pero debo reconocer que el sol comenzaba a salir.

Hoy lo imposible adquiere trazas de realidad y la fantasía se convierte en una irrepetible oportunidad de cambio. Pero en ningún caso podemos olvidar que estamos aquí, en parte, gracias al esfuerzo, el tesón y el aguante de gentes que nunca dejaron apagar la llama de los valores que nos guían. Su aportación es nuestra brújula y su mirada la mejor garantía de mantener los pies donde siempre deben estar: en la tierra.

Dijimos que las elecciones eran únicamente el primer paso y ahora nos ocupa la tarea más importante: cambiar nuestro municipio. Apostamos por un pacto de gobierno complejo, plural, en ocasiones contradictorio y que probablemente nos genere muchos dolores de cabeza, pero no se puede estar en política para vivir cómodo en la oposición.

Hace un mes comenzó un tiempo nuevo para Cuidad Rodrigo y, con ello, un reto de grandes proporciones para la candidatura que encabecé. Es nuestra particular expedición a lo desconocido. Somos conscientes de que hay muchos ojos mirando, grandes esperanzas depositadas en nosotros y un gran número personas pendientes de lo que hagamos. No podemos prometer hacer milagros, porque no es esa nuestra especialidad. Podemos prometer, sencillamente, que nos vamos a dejar la piel en hacer todo lo posible para que Ciudad Rodrigo sea un lugar mejor.

En momentos como éste, las certezas son tan débiles como la hoja recién caída del árbol en otoño. Aparentemente entera, puede resquebrajarse entre los dedos con la mínima presión. Son tiempos de tener la cabeza fría y saber que gobernar no es fácil. Vamos a requerir grandes dosis de paciencia, diálogo, conversación, comprensión y acuerdo en muchos frentes, ingredientes que habían quedado en la despensa durante tantos años de mayoría absoluta.

Atinaremos, creo, si somos capaces de conseguir que nuestro tránsito no sea en solitario. En Ciudad Rodrigo hay personas y colectivos con grandes ideas, muchas de las cuales se pueden poner en marcha. Hay una ciudadanía que debe también corresponsabilizarse de las decisiones relevantes que adoptamos en el Ayuntamiento. Por eso  es tan importante abrir la institución, establecer canales estables de participación y garantizar que los aciertos sean del conjunto del municipio.

El reto de esta legislatura no es pensar en quimeras ni en resolver todos y cada uno de los problemas de la ciudadanía. La magia tampoco es nuestro fuerte. El verdadero desafío es hacer de Ciudad Rodrigo sencillamente un lugar un poco más habitable y amable y cuyo consistorio esté a disposición de todos y todas. Pero también donde el conjunto tenga la información suficiente para conocer los límites reales. Nos hará falta pedagogía.

Sabemos que lo más complejo comienza ahora, que nos tocará tomar decisiones de explicación sencilla y medidas que no convencerán a mucha gente. Cometeremos muchos errores, porque solo se equivoca el que arriesga. Pero estaremos satisfechos si al finalizar el mandato podemos mirar atrás, hacer balance y decir: mereció la pena

  • Artículo publicado en El Norte de Castilla, edición Salamanca, el 11 de Julio de 2015

Cosas de agenda: un nuevo Reglamento Orgánico para un nuevo Ayuntamiento.

Todavía no han pasado 15 días y ya parece una eternidad. En un Ayuntamiento con pocos recursos a un responsable político le toca hacer un poco de todo. Incluso visitar una grada (literal) para ver su estado y decidir (o intentarlo) si hay que trasladarla o no.

Seguimos en el aterrizaje (debo reconocer que ya no estamos en fase de “forzoso”) y apenas he tenido tiempo de algo muy relevante: parar, mirar, pensar.

La gestión de estos cuatro años tendrá que ver con planificar e implementar políticas que le cambien la cara a Ciudad Rodrigo. Eso es mucho más que elaborar un programa electoral y que tener buenas intenciones. Requiere coger el programa, confrontarlo con la realidad, planificar y gestionar cómo se implementan esas medidas. Necesariamente, pararse a pensar y a escribir. Y ciertamente, con una media de 6 reuniones diarias y este calor, la tarea es algo compleja.

En el medio está el día a día, que no se puede abandonar. Hay que gestionar pequeñas cosas fáciles, y pequeñas cosas complejas. Especialmente hay que hacer muchas preguntas. Llevo 10 días haciendo las preguntas más insospechadas. Desde cuánto vale rematar un bordillo hasta cuántos contadores de la luz tiene Ciudad Rodrigo. Hoy he sabido que son 148 entre centros de alumbrado público, espacios públicos y otros servicios. En estas andamos, poniéndonos al día y tomando decisiones que, naturalmente, no se ven.

El día a día no se puede abandonar, pero tampoco te puede “secuestrar” ni puedes dejarte sumergir en el frenesí de la inercia. Hay que parar, leer, pensar, estudiar, soñar y escribir los deseos para diseñar proyectos de futuro.

En materia de participación democrática y buen gobierno queda todo por hacer. Se trata de una tarea apasionante, en la que debemos construir incluso los cimientos. Uno de los asuntos que deseo impulsar en las próximas semanas es el debate de un nuevo Reglamento Orgánico Municipal (ROM). Son los cimientos. Sin eso no podemos abordar los procesos de participación democrática de una forma razonable.

Seguramente la mayor parte de los ciudadanos y ciudadanas no tengan idea de qué es un ROM, para qué sirve y ni siquiera valorarán si es o no importante para el funcionamiento del Ayuntamiento. Se trata de las normas de funcionamiento político del Ayuntamiento y es, por tanto, un documento de mucha relevancia. El actual data de los pretéritos tiempos de 1985 y es incluso anterior a la Ley de Bases del Régimen Local. El resultado es que a día de hoy apenas se utiliza y para muchos asuntos la gestión del Ayuntamiento depende de normas nacionales que no afrontan la realidad de nuestro municipio.

Sin ROM es muy complicado poner en marcha medidas como constituir espacios de debate ciudadano (foros o consejos sectoriales) con carácter oficial, regular la participación de la ciudadanía en los plenos ordinarios o sencillamente apostar por la elaboración de un nuevo Reglamento de Participación Ciudadana o un conjunto de buenas prácticas.

Por tanto, durante los próximos meses oirás hablar del Reglamento Orgánico, de cómo funciona el pleno, de qué derechos tienen los grupos municipales, de cómo se estructuran las comisiones informativas, de los posibles consejos sectoriales. Sonará raro, sonará inútil o “cosas de políticos”. Pero son los cimientos de algo mucho más ambicioso. No se puede comenzar la casa por el tejado.

Retomo el blog, publico mi agenda

La última entrada tiene 2 años, muestra de que que este blog está, por decirlo suavemente, un poco abandonado. Llevo meses pensando en recuperar la buena costumbre de escribir. En mis mejores ensoñaciones incluso me planteo hacerlo cada mañana, para reflejar en unas líneas un punto de vista, una mirada, sobre este mundo tan cambiante. Pero no dejan de ser una buenas intenciones y es evidente que a día de hoy esa promesa no va a ser posible.

La pretensión es recuperar el blog. Requiere cambios profundos en la estética y en los contenidos. Durante estas semanas iré cambiando el diseño y actualizando la información fija más relevante (una nueva biografía, los enlaces…), tarea que realizaré en mis ratos libres.

Darle la continuidad debida es una labor que requiere un tiempo y una dedicación de la que, debido a mis nuevas responsabilidades, en estos momentos no dispongo Pero de vez en cuando caerán artículos, con mayor o menor extensión, pequeñas reflexiones y, si es posible, explicaciones diversas.

En cualquier caso comienzo dándole utilidad y publicando mi agenda. Se trata de mi agenda política, de tal manera que cualquier podrá hacer un mínimo seguimiento de mis actividades como cargo público y como responsable político. Como es natural, debido al frenesí en el que estamos instalados, esta agenda va cambiando día a día y en muchas ocasiones el día se termina de perfilar a primera hora de la mañana.

Mientras actualizo también esa página, esta agenda estará en la pestaña titulada “Agenda” y que podrás encontrar en la parte superior.

Pequeños pasos para la transparencia.