Carrillo

Hay días en los que se requiere poner los puntos sobre las íes. Nos deja un grande de la política y alguien que deberá ser recordado como el que posibilitó (con todas las distancias con las que debe tratarse la Transición) que hoy disfrutemos de gran parte de las libertades y derechos que otros están intentando suprimir a golpe de decreto. En realidad no me preocupa tanto que la derecha cavernaria y un sector de la izquierda con complejo de inferioridad y sin capacidad para ver más allá de la punta de su nariz sitúen a Carrillo como un brutal asesino o como un traidor a la clase obrera (cada uno con su historia). Lo que de verdad me produce sonrojo es quienes, al albur de una defensa de la “modélica transición” (que otros llamamos miope) intentan identificar a Carrillo con, por ejemplo, Fraga.

Pretender identificar el papel de Carrillo con el de personajes como el que anteriormente he mencionado puede ser un ejercicio intelectual (e incluso académico) interesante si no fuera porque pretende legitimar un discurso que por asumido no tiene que calificarse de real. Que Fraga fue un personaje imprescindible en la transición no lo niega nadie, pero que jugó un papel siquiera similar a Carrillo es una mentira de tanto calado que hace revolver cualquier estómago que se haya parado a pensarlo.

Porque además convierte a la transición en un puro juego de personalidades, de actores asépticos que se relacionan como si nada hubiera pasado, cuando quizá haya que preguntarse de dónde venían, qué dejaron en el camino y hacia dónde fueron cada uno. No es lo mismo ceder cuando tu posición es la de alguien que ha sido exiliado, perseguido y cuyos compañeros han ido siendo asesinados brutalmente que cuando provienes de ordenar esas sentencias de muerte y buscar mantener tu espacio de poder “aunque puedan entrar otros”.

Se dice que “fue un momento en el que todos supieron ceder”, como si el mero hecho de ponerse de acuerdo fuera un mérito en sí mismo sin importar el contenido de dicha alianza (valga como ejemplo la última reforma constitucional). Carrillo, Fraga, Suárez y Juan Carlos I tuvieron que deponer sus posiciones iniciales a favor de otros, pero la dirección importa y el contenido también. A saber, de Carrillo se recuerda aquello de “si la monarquía respeta la democracia nosotros respetaremos la monarquía”. La cesión del PCE fue su planteamiento republicano (un error, a mi juicio, pero que ya quedó saldado histórica y políticamente); por su parte, la cesión de Fraga, la monarquía y otros (que ahora no se levantan a aplaudir en el Congreso) fue aceptar la democracia. Aceptarla, porque no era (ni son) demócratas, sino todo lo contrario. Comparar a quien desde la humillación del exilio y el exterminio de sus camaradas tiene que renunciar a su trayectoria política e histórica para garantizar (o eso creía) el porvenir con otros cuya renuncia es el ejercicio del poder autoritario es vil, cínico y absolutamente miope.

Comparar a quien para construir la democracia se jugó literalmente la vida frente a quien lo más que ponía en riesgo era el prestigio personal no puede hacerse sin estar cegado ideológicamente o ser un canalla.

No milito en el PCE. Pero sin ser afiliado me siento orgulloso de formar parte de su trayectoria histórica y de su herencia política. La trayectoria de haber luchado contra una dictadura criminal dejándolo todo para ello. De hombres y mujeres que no dudaron en dejar a su familia, amigos y su propia vida para evitar que los asesinos siguieran campando a sus anchas. Una tradición con muchos errores, seguro, pero en cuya hoja de servicio, con sus luces y sombras, muchos podemos mirarnos y continuar caminando con la cabeza bien alta.

Otros, cuando miran atrás, no hace tantos años, ven una historia y una trayectoria de travestismo político, de demócratas “de toda la vida” que provienen de Falange o de cómo esconder decenas de miles de cadáveres en las cunetas y no haber nunca condenado ese genocidio. Una neblina de hechos sin esclarecer y una portentosa capacidad para defender lo mismo que antaño se demonizaba.

Carrillo nos ha dejado. Como Monedero, creo que su gesta no fue tan idílica y magnífica y que en la transición se hizo lo que buenamente se pudo. Carrillo, de sobra conocido, tuvo sus luces y sus sombras, sus aciertos y desaciertos y quien quiera buscar santos varones o virtuosos celestiales quizá no debiera urgar entre los mortales. Carrillo, su historia y su contexto, mirado en conjunto, tiene muchas aristas y se convierte en una figura difícil de comprender. Pero si he de situarlo, si he de posicionarme, no dudaré nunca que fue, como se ha dicho estos días hasta la saciedad, uno de los nuestros.

4 comentarios en “Carrillo

  1. A Carrillo, en muchas ocasiones, se le acusó de haber cedido demasiado. Cierto es que a muchos de los que no estuvimos allí, nos cuesta entender que no impulsara con más fuerza el republicanismo en España.

    En una negociación, siempre hay que ceder un poco. Pero nunca tanto como para vender tus ideales más básicos (opino yo). Porque resulta que, desde Izquierda Unida, siempre hemos criticado que otros partidos políticos tengan personas que han tenido juicios por temas de corrupción o gestores públicos de, digamos, dudosa ética (me vienen a la cabeza políticos de la Comunidad Valenciana).

    Y resulta que, en uno de los partidos de esta coalición de partidos que es IU, llamada Izquierda Abierta, tienen en su consejo político, entre otros, a JAVIER MADRAZO (aconsejo a los que no le conozcan que busquen información sobre sus prácticas y alucinen con las negociaciones que hubo en la diputación de Álava para elegir a su presidente y entenderán la razón de que esté gobernando el PP en la provincia).

    Con lo que nos ha costado en Euskadi libraranos de su figura y resulta que Llamazares y su proyecto IAb tiene a gente así dentro y le apoyan públicamente, perjudicando al partido que representa los intereses de IU en Euskadi (Ezker Anitza – IU).

    Lamentable. No entiendo como personas como usted no se indignan ante esto, Sr. Domingo.

  2. No sé si tiene usted twitter…
    He dicho en múltiples ocasiones que no comparto la decisión de incluir a EBB en IA. Eso sí, me parece razonable declarar que se apoya la estrategia de negociación.
    Al igual que he dicho que mi referencia es IU y las referencias de IU en los territorios. Y por eso espero que usted salga elegido Diputado y me pueda hacer una visita al Parlamento Vasco.
    Un saludo compañero.

  3. Estimado Domingo (y no digo estimado por decir). Hay una línea roja que yo no estoy dispuesto a cruzar. Tuve grandes dudas cuando IU en Euskadi se dividió y aposté por apoyar a Mikel Arana (usted lo sabe), pero después de descubrir lo que he descubierto de esta gente y saber lo que todo el mundo sabe, sería como sentarme a negociar con Fabra o con Lanzarote. Sería traicionar a Ezker Anitza y al propio Mikel y, antes que eso, dimito de coordinador de Álava. Además, estoy muy enfadado con el señor Llamazares. El proyecto IAb me parece atractivo e interesante, pero con gente como esa dentro, me produce rechazo.
    Y está usted invitado a Euskadi salga yo elegido diputado o no, sería un placer.

  4. Dado que no tengo Twiter, permítame que le conteste mediante este medio a una entrada con la que usted a puesto. Lo que ha sucedido en Euskadi, ciertamente, ha sido una putada. La izquierda se ha atomizado y el voto se ha repatido muchísimo, pero no ha sido por la nula voluntad de diálogo, sino por otras razones.

    En primer lugar, con nuestra siamesa Ezker Batua, no era posible dialogar. En Álava hubo un episodio vergonzoso en el que se querían puestos para determinadas personas a cambio de apoyo político. Y, esto, salió a la luz. Además de esto, pocos tenían acceso a las cuentas, al número de militantes, etc. Era un partido que, a todas luces, estaba podrido. Si hubiéramos dialogado con ellos, por una parte, nuestra credibilidad estaría bajo mínimos y, por otra,… ¿qué nos diferenciaría del PP de Fabra y Camps? Pues sólo las siglas pero, desde luego, la ética, no.

    Y, por otro lado, nosotros intentamos dialogar con Equo, pero esto no ha sido posible dado que, ellos, hicieron una consulta por internet preguntando a ver si se sentaban ha hablar con nosotros, y 10 personas digeron que sí, y 40 que no. Por ello, no se hizo.

    Además, hay que entender el contexto sociopolítico: En Euskadi, el voto del hartazgo y la protesta, ha ido a EH Bildu.

    ¿Qué si nosotros hemos cometido errores? Pues seguramente. Pero, desde luego, no podíamos acudir con gente de dudosa honradez a unos comicios. O, por lo menos, yo lo entiendo así.

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