Florero de prestigio

A principios de los años 90, House of Cards tenía todas las papeletas de convertirse en una serie de renombre, aunque quizá su trayectoria (a pesar de haber sido nominada a varios premios Emmy) no fue la merecida.

Con cierta elegancia y un fino humor inglés, cuenta la historia de un ficticio político británico que comienza a mover hilos tras los telones para ir adquiriendo las más altas cotas de poder en su partido y convertirse en el Primer Ministro del país que alza la Union Jack.  Los Tories, en guerra abierta tras la caída de Margaret Thatcher, buscan un líder y lo encuentran, aunque en ocasiones quien lleva la iniciativa no es el que sale en las fotos, sino ese que siempre le coge del hombro y le susurra al oído. Francis Urquarth, hastiado de las bambalinas, decide ponerse él mismo al frente aunque tenga que llevarse a cualquiera por delante.

Si en la primera temporada ha de vérselas con los miembros del partido conservador del que forma parte (ya se sabe el dicho: hay amigos, enemigos, y luego están los compañeros de partido), en la segunda su adversario será nada más y nada menos que el recién coronado Rey de Inglaterra.

El Rey, como cualquiera de los de “su estirpe” en el mundo occidental, ha sido educado para reinar, pero dispone de un criterio social muy agudizado, lo cual le lleva a hacer varias declaraciones que contradicen totalmente la línea política (plenamente neoliberal) del recién elegido Primer Ministro: Francis Urquarth. Por si fuera poco, la oposición comienza a utilizar al monarca como ariete contra el gobierno, algo que produce la cólera de gran parte de los conservadores y del propio líder.

Pero quizá toda la trama se resuma en un diálogo que mantienen el Primer Ministro y su Majestad en uno de los despachos habituales. En él, cuando la situación se ha tensado hasta la saciedad (con convocatoria electoral incluida), el Rey pregunta a Urquarth por qué quiere destruir a la monarquía británica, vista la maniobra y los continuos movimientos políticos que se han generado hacia su figura. El Primer Ministro, siempre con una sonrisa tensa de las que matarían a cualquier mortal, responde “no quiero destruir a la monarquía, quiero destruirle a usted”. A continuación le detalla cuál es la función de un Rey en una Monarquía Constitucional. En una Monarquía Constitucional, el Rey no puede “meterse en política”, situarse de parte de nadie ni optar por elecciones ideológicas. Si acaso solamente representar y ejercer su labor de florero lo mejor que pueda. Un florero de prestigio, pero un florero a fin de cuentas.

Las últimas semanas, con Juan Carlos I presidiendo el Consejo de Ministros en el que Rajoy reduce a cenizas nuestro Estado del Bienestar o acudiendo a Rusia a señalar que “las reformas de Rajoy darán resultado pronto”, me han recordado a esa conversación.

El pacto constitucional de la transición, si es que no fue una imposición, se basaba en la asunción de la monarquía constitucional, de tal manera que el rey se limitaba a ser, según defienden enérgicamente los monárquicos, “el mejor embajador de España en el exterior”. Algo así como una guía moral y un diplomático de raza, que permitirá a España evitar sus luchas partidistas en algunos ámbitos. Lejos de esa utopía, lo cierto es que hoy Juan Carlos I, por muy campechano que lo pinten, no puede ser el ejemplo a seguir de los españoles, a no ser de aquellos muy aficionados a la caza mayor.

La monarquía pierde legitimidad y prestigio social y eso es algo evidente. Que España sea “juancarlista” lo arregla un buen viaje a Botswana, pero que España sea monárquica es algo que está por ver. Los estudios sociológicos muestran una abrumadora caída de la confianza en la Corona, que se agudiza entre los jóvenes.

Los republicanos erramos muchas veces en el discurso, pues no es un mal rey quien ayudará a construir un sistema en el que el Jefe del Estado sea elegido por las urnas, sino la propia discusión sobre la institución monárquica.

Mientras lo discutimos y lo explicamos una y otra vez, valga recordar que, hoy día, Juan Carlos I “El Campechano” se ha colocado en una parte. Y para tener un Jefe del Estado posicionado políticamente, quizá sería mejor que sean los españoles y no la herencia quienes le pongan nombre.

2 comentarios en “Florero de prestigio

  1. … y despues hablas de un rey recién coronado, no me cuadra ya que la SMQueen está ahí desde los años de maricastaña, y si se habla en rigor no se que rey es ¿?

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