Higgs, uno de tantos ejemplos

En esta sociedad posmoderna y de la información, hasta a los cambios de paradigma les espera un mero faldón o un pequeño “repor” en un informativo plagado de noticias coyunturales. La era de la información es, cada vez más, un tiempo de asfixia por inundación de datos, que impide en muchas ocasiones separar lo que de verdad es relevante de lo que, a fin de cuentas, es meramente accidental.

Da la sensación de que si a alguien no se le hubiera ocurrido poner el mote de “Dios” al ya famoso bosón, hubiera pasado por el público general como algo que apenas hubiera ocurrido. Quizá los grandes avances de la ciencia hayan incumbido siempre solamente a los científicos, en todo caso es una lástima.

Para los que no entendemos mucho de Física pero lo suficiente como para comprender la importancia de tener un cimiento sobre el que construir una teoría unitaria, un descubrimiento de estas características (casi confirmado a estas alturas) es un halo de esperanza. También una fuente de reflexión.

No faltan quienes, aplicando el mismo discurso simplificador para todos los ámbitos de la vida, acuden ahora al escaso interés práctico de conocer algo de la envergadura del inicio del Universo, que no es otra cosa que el acercamiento al proceso de la existencia (su sentido, si es que lo tiene, serían palabras mayores). Podríamos responder apelando a una de las características que ha permitido la evolución humana: el deseo de conocer, de filosofar en el más vasto (amplio) sentido de la expresión.

Pero quizá también haya que recordar que la ciencia básica, esa que se encarga únicamente de las grandes teorías y, en definitiva, del “saber por saber” es finalmente la que consigue los grandes avances.

Las investigaciones de Einstein sobre el efecto fotoeléctrico (por lo que obtuvo el Nobel, a pesar de que comúnmente se piensa que fue por su teoría de la relatividad general) o el movimiento browiniano no tenían una aplicación técnica directa, más bien (al igual que la famosa relatividad) buscaban simplemente dar una explicación al Universo en el que nos ha tocado habitar. Pero esas brillantes explicaciones y las investigaciones realizadas fueron las que permitieron que, entre otras muchísimas cosas, hoy disfrutemos de unos maravillosos micro-ondas (o la energía solar, el fax…). Una investigación básica, sin aplicación directa alguna, pero que ha sentado las bases de la ciencia contemporánea y que ha colaborado estrechamente en cambiar nuestras vidas.

En un extraordinario libro a modo de diálogo entre Miguel Delibes (el escritor) y su hijo Miguel Delibes (el científico), este segundo explica cómo las investigaciones de Mario Molina sobre los CFC’s no buscaban soluciones al enorme problema que tenemos con el agujero de la capa de ozono, sino simplemente profundizar en una cuestión abierta en el ámbito de la química. Pero fue gracias a esas investigaciones que cuando, casi por casualidad, se descubrió que las mediciones sobre la capa de ozono en los polos eran erróneas y que había un “boquete” de tamaño considerable, los conocimientos necesarios para su solución estaban ya planteados.

Einstein, Mario Molina y los investigadores del CERN que han logrado dar este salto cualitativo en la física contemporánea, pudieron hacer estas enormes aportaciones a las generaciones futuras en la mayor parte de las ocasiones por la existencia de financiación que les permitía hacer lo que más deseaban: aprender, descubrir y transmitir los resultados de sus investigaciones.

Hoy, el descubrimiento del bosón de Higgs, una tarea que ha llevado décadas conseguir, es un día para continuar avisando del enorme error que suponen los recortes en investigación. No solamente por las personas que se quedan sin trabajo o que han de continuar sus tareas en una creciente precariedad, sino también porque supondrá perder ese coste de oportunidad que es la investigación básica que, pareciendo inicialmente un gasto, se convierte en salvavidas social y técnico al cabo de los años o revoluciona el modo de vida de millones de personas. El mero hecho de responder a algunas de esas preguntas que el ser humano se lleva haciendo desde que es tal justificaría apostar por ello. Pero si lo que prima es el pragmatismo reduccionista, es momento también de recordar que ha sido la investigación y no la estrechez de miras lo que nos ha hecho progresar.

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