Hacer o que te hagan (un griego).

Esto es un sindiós. Dos años sin decir otra palabra, una campaña electoral marcada por cómo el  “talante” que llevó a Zapatero a la Moncloa se cambió por la “confianza” que sacó al PSOE de ella.  Y, colateralmente, Rajoy ganó las elecciones. Por eliminación y no por méritos propios, pero así fue.

Dos años sin hablar más que de la machacona confianza para después descubrir que es anunciar al inicio de la semana que el viernes no se hará lo que ya se está preparando. “Gobierno previsible”, mientras que conviene recordar que decir una cosa y luego la contraria no es ser alternativo, sino decir cosas alternas.

Y otra vuelta de tuerca. Subir el IVA era una medida que supondría la puntilla para los principales pilares de nuestro modelo productivo, una baja de facto del sueldo de los trabajadores, una medida injusta como pocas que, además, traerá menos crecimiento, más paro y más crisis. Pero por arte de magia ya no lo es. Y pasamos del “no subiré los impuestos” al “no tengo pensado subir los impuestos ahora” al más difícil todavía: “habrá modificaciones de los elementos tributarios de carácter indirecto”. La pregunta es inmediata ¿dónde se pondrán ahora las Nuevas Generaciones a recoger firmas?

Mientras tanto, siguen y siguen los recortes. Hay quien ya suspira aliviado cuando ve que no le han quitado la financiación a ese medicamento que ha de tomar 4 veces por semana a pesar de que las otras 10 pastillas subirán notablemente su precio. Y quizá no le falta razón, porque los últimos acontecimientos hacen que muchos supliquen un “virgencita, virgencita, que me quede como estoy”. Pues tras ver a una Presidenta de Comunidad Autónoma decir sin ruborizarse que hay personas que no podrán disponer de atención de VIH por una mierda de papeles (sí, por una mierda de papeles) uno puede ya esperarse cualquier cosa.

Y es que solamente cuando un Ministro de Exteriores es capaz de afirmar que “eso de las soberanías nacionales es una tontería” podemos explicarnos que la descentralización política y la autonomía de las Comunidades hayan llegado al grado de “haz lo que digo o pongo yo el gobierno”. Democracia en estado puro, oiga.

Pérdida de derechos, subidas de impuestos indirectos mientras las grandes fortunas siguen sin tributar, amnistías fiscales, recortes sociales y miedo, mucho miedo. La fórmula es conocida y no dio resultado. Ya se experimento con estas doctrinas del Shock en América Latina y obtuvieron lo previsible: pauperización mayor y oportunidades menores.

En Europa también hemos tenido nuestra propia medicina, y disponemos de referentes muy cercanos. Lo que nos están haciendo es un griego, con todas las letras.  Y cuando las políticas son copiadas a las de otro país, simplemente hay que mirar los resultados para empezar a sacar conclusiones.

Por desgracia, hoy Rajoy va a la Comisión Europea con el apoyo de Rubalcaba a defender “casi” más de lo mismo. La obsesión por el déficit frente al descuido del Estado del Bienestar. Y es que en los momentos difíciles es cuando uno más se retrata.

¿La salida? Hacerles un griego a ellos también. Movilización, pedagogía y una nueva cultura política. Las dos caras de Grecia están ya instaladas en este país, ahora hace falta que cada cual decida en qué espejo se mira.

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