Democracia a punto de romperse

La calidad democrática de este país se resquebraja día tras día y lo más preocupante es que el vendaval de opinión que comienza a levantarse es partidario de hacer más recortes, también endemocracia.

Que algunas instituciones quedan heridas de muerte no nos pilla de sorpresa. La Justicia no era precisamente lo más considerado en un país que se había acostumbrado a su lentitud y en el que la fina lluvia ácida de los medios amarillistas consiguió hacer creer que en nadie va a la cárcel y que, de ir, se sale a los dos días, a pesar de que los datos sean demoledores en sentido contrario. Que hoy el Presidente del Consejo General del Poder Judicial tenga que dimitir no porque considere que sus actuaciones son completamente inmorales sino por la constatación de que no tiene ni un solo apoyo no hará sino acrecentar el delicado estado de salud de las instituciones.

Produce sonrojo que sea el mismo Gobierno el que quite valor a una institución como el Congreso de los Diputados. Suprimir el Debate sobre el Estado de la Nación con el argumento de que el debate político es contraproducente “porque miran los mercados” nos sitúa a un paso del fin de las garantías constitucionales. No en vano, la supresión de este tipo de debates es la supresión de la oposición en sí misma y la búsqueda de un falso consenso que se sitúe por encima de la lucha partidista.

Como si el debate político fuera estéril o, peor, contraproducente. Asumir “las recetas” como innegables y fruto de una voluntad casi divina, de unos poderes superiores que han de guiar nuestro camino sin entender que la lucha ideológica es, hoy más que nunca, imprescindible. Una suspensión de la discrepancia que se define muy bien por esa máxima que escuchamos cada día más: “hay que hacer lo que hay que hacer”.

Un discurso que es coherente con la consideración de los políticos como enemigo número uno. Sin hacer distinciones, se identifica casi con el diablo lo mismo a un Camps que al concejal de festejos del pueblo. Lo mismo al chorizo que al que se deja la salud en el ejercicio público. Salir hoy a defender la política y a los políticos es motivo de escarnio en una sociedad que definitivamente ha olvidado lo que supone que el Jefe del Estado diga aquello de “haga como yo, no se meta en política”.

Pero de ese huracán también recoge el Gobierno el guante. Por lo que sabemos, es posible que la próxima Ley de Reforma de Administraciones Públicas elimine decenas de miles de cargos públicos. Y actuará precisamente sobre los pequeños concejales de pueblo, haciendo que únicamente se elija al Alcalde en esos lugares. No habrá oposición, solamente un alcalde-gestor. Y así, seguiremos culpando de todo lo que nos ocurre a esos concejales que generalmente no cobran un duro por su trabajo o que, de cobrarlo, es tan irrisorio que no daría ni para imprimir unos carteles. Concejales de pueblo que desaparecerán, y con ellos la labor de oposición. Y, mientras tanto, alcaldes que podrán campar a sus anchas. Por no hablar de la pérdida de competencias que planea, en la que Ayuntamientos incluso como el de Ciudad Rodrigo prácticamente dejarán de tener valor decisivo.

Retrocesos democráticos que tendrán, quién lo duda, el beneplácito de una ciudadanía que nos busca, a los políticos, a todos, como cabezas de turco y en la que cualquier discurso demagógico actúa como el agua bendita. Porque el camino hacia el totalitarismo tiene dos pasos. Primero, desgasta a la política; Segundo, ya que es prescindible, acaba con ella y coloca al frente a los tecnócratas, que son los aristócratas de siempre. Antes, los que tenían las armas; ahora, los que tienen el dinero o defienden los intereses de las grandes finanzas.

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Un comentario en “Democracia a punto de romperse

  1. En este país, pagan justos por pecadores. Si la gente tiene una mala opinión de los políticos es, un parte, merecida por todos los casos de corrupción que saltan cada poco. Cierto es que, los políticos de algunos pueblos, cobran poco o nada, pero es que, hay otros, que deberían avergonzarse de lo que cobran por gestionar municipios.

    Pero cierto es que, el comportamiento de unos, no justifica la merma democrática en todos. El debate es bueno, y debe haberlo en todos los pueblos y ciudades. No debe haber ningún cazique local que se dedique a hacer lo que le venga en gana sin más.

    Sin debate, sin diferentes puntos de vista, no hay aprendizaje. Y, sin aprendizaje, no hay nada.

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