Cinismo educativo

Rajoy nos ha enseñado muchas cosas en esta eterna contienda electoral. Sin adentrarnos en su política del silencio, estrategia machacona pero con resultados a la vista de todo el mundo, es de destacar su capacidad para hablar y no decir absolutamente nada. E incluso, sin decir nada, acabar diciéndolo todo.

Valga como ejemplo aquella esperpéntica escena en la que una chica joven (que posteriormente supimos que era aficionada en participar en montajes peperos) preguntaba al gran líder cómo narices iba a crear empleo para los jóvenes. A quienes les gusta poner el dedo en la llaga resaltarán ese titubeo y la famosa “me ha sucedido algo notable” que vino antes de descubrir que a Rajoy le pasa como a otros muchos: tiene tan mala letra que no la entiende ni él mismo. Los humoristas tenían campo sembrado para sacar los mejores frutos, y así fue. Pero quizá habría que analizar con detenimiento sus palabras posteriores. No contento con no recordar sus propias medidas para crear empleo joven, se limitó a decirles que estudiasen y sean emprendedores. Palmadita en la espalda de quien, en el fondo, lo ve tan negro que no quiere ni siquiera pensarlo.

En España tenemos un paro juvenil desorbitado, pero además muy característico. Leíamos ayer en Público que el 60% de los cinco millones de parados de nuestro país no tiene la ESO. El dato muestra a las claras una de las aristas del error social de la última década y media. Pero también muchas de las contradicciones del grupo que ahora tiene la mayoría absoluta en nuestro país.

La noticia no es que aquellos sin título de ESO encuentren más difícilmente trabajo sino que el porcentaje de parados disminuye (aumentan las posibilidades de encontrar empleo) a medida que aumenta el nivel educativo. Así, el paro entre los que no tienen ESO es superior al 55%, pero se reduce a cerca del 3% para los que disponen de título de doctor. Es decir, si tienes un título universitario tienes muchas más posibilidades de encontrar trabajo que si no. Esa afirmación, contrastada por los datos y que por otro lado mantiene una lógica rotunda, ha sido obviada e incluso ridiculizada durante los últimos años. La cultura del “no merece la pena estudiar una carrera para acabar de camarero” se ha extendido como la mala hierba por doquier, amparándose en el inmediatismo y una estrechez de miras sin igual.

Todo ello alimentado por el desarrollo de una estructura laboral ampliamente precarizada y centrada en sectores con escasos requisitos formativos, como es la construcción. Esa Ley del Suelo de 1998 que hacía urbanizable hasta los corales marinos si hacía falta redundó en una concepción de la vida laboral como algo inmediato y del desarrollo personal ligado a la cultura del pelotazo y “la vida de rentas”.

Esto contrasta radicalmente con ese discurso pepero de “la cultura del esfuerzo”. Los mismos que con sus leyes favorecieron que los jóvenes dejaran pronto sus estudios para acudir a trabajos donde se ganaba “buen dinero” a corto plazo pero hipotecaba su futuro a largo, son los que ahora hablan de imponer el esfuerzo en las aulas. Y recordemos que “eso del fracaso escolar” causa furor allí donde más construcción hay, donde más pelotazo se fomenta. Y el caso de la Comunidad Valenciana, con mayor desarrollo urbanístico y a la vez con mayor fracaso escolar, es un ejemplo evidente. Estos que consideraban que “el boom inmobiliario es bueno” (Montoro y Rato dixit) quizá querían decir “que lo hace todo más fácil”.

Ahora que vienen duras (porque cuando están maduras es muy fácil) se les llena la boca de “hay que formarse”. Pero compaginan eso con el discurso de la excelencia. “Educación para la excelencia” que es una forma amable de decir que la educación tiene que ser “para los mejores”. Y de ahí que Esperanza Aguirre, punta de lanza en estas cuestiones, plantee que se pague por la Educación Secundaria Superior o, como hicieron en su LOCE, cribas de alumnado a diferentes niveles, no vaya a ser que pensemos que en España tenemos mucha gente estudiando.

Sorprende que cuando parece que la salida viene por la Investigación, se carguen sin más dilación iniciativas investigadoras a través de un ERE en el Centro de Investigación Biomédica Príncipe Felipe en Valencia.

Decía que Rajoy nos ha enseñado muchas cosas en los 8 años que lleva haciendo campaña electoral. Pero eso de “cuanto más estudies, mejor”, su gran propuesta en materia de empleo juvenil, es casi una ofensa para este país. Más con los recortes, la privatización y un proyecto educativo para las élites, algo que no intentan siquiera disimular.

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