Sí, pero luego la economía tiene la última palabra

Hay días en los que pienso que no hemos avanzado nada en esto de la democracia. Queda mucho camino por andar para explicar lo que significa esa palabra: D-E-M-O-C-R-A-C-I-A.

Escribo esto mientras de fondo escucho las declaraciones de una señora, a la sazón Profesora de Física Nuclear en la UNED, opinando sobre la decisión de Angela Merkel de cerrar las centrales nucleares. Imagino, y espero, que a esta señora se la ha invitado para que explique las consecuencias energéticas de tal decisión y de las alternativas que se podrían plantear. Como si nada hubiéramos aprendido, la susodicha se ha dedicado a vender las bondades de la energía nuclear, desviando cualquier pregunta de la entrevistadora. Ante la pregunta: “¿qué otras alternativas hay si se cierran las nucleares?” la respuesta es algo así como que no hay otro camino, no hay más opciones. Todo para acabar diciendo que “Angela Merkel podrá decidir lo que quiera, sí, pero luego la economía tiene la última palabra”. Toma ya.

Como digo, sorprende que a estas alturas hay quien no entiende la diferencia que, en las elecciones democráticas, existe entre el papel de los técnicos y el papel de los políticos. El técnico, el experto, no está para decidir. No está para tomar decisiones y decir qué hay que hacer. Más bien está para aconsejar y hacer entender las consecuencias en diferentes sentidos que pueden tener las decisiones tomadas. Principalmente por dos motivos.

El primero, los técnicos no están en posesión de la verdad universal. Tantos economistas puedo encontrar a favor de la privatización de la sanidad como en contra. Tantos educadores puedo encontrar a favor de aumentar “la autoridad” de los docentes como que defiendan que el problema que existe en las aulas no se arregla con “mano dura”. Los técnicos, los científicos, generan conocimiento muy valioso pero en el marco de las decisiones políticas su papel debe ser el de explicar de forma sencilla a los ciudadanos aquellas cuestiones que son difíciles de comprender. Además, ¿es que los científicos, los expertos, no tienen ideología? ¿No tienen intereses? Un visionado en profundidad de ese magnífico documental llamado Inside Job podría resolver muchas de esas cuestiones.

El segundo, derivado de lo anterior, es que los técnicos y los científicos no están sometidos al control ciudadano directo, no son elegidos de ninguna manera. Los ciudadanos eligen (por procedimientos que habrá que reconsiderar, pero así es) a una serie de representantes para que tomen las decisiones y son ellos quienes tienen la legitimidad para tomarlas. El técnico está para poner en marcha esas decisiones, no para tomarlas en nombre del político.

Si el pueblo o sus representantes (y repito, esta discusión acerca de la democracia directa la retomaré en unos días, precisamente cuando sea la toma de posesión de los Ayuntamientos) decide tomar una decisión, esa será la legítima. No entra a discusión, en un marco democrático, si es acertada o no, porque el propio procedimiento la convierte en la mejor decisión. Además, los ciudadanos tenemos derecho a equivocarnos.

Creo que es el momento de decir estas cosas bien claras. Plantearse que son los técnicos, los expertos, los que nos deben decir a los ciudadanos las decisiones que tenemos que tomar (o, peor todavía, asumir que el poder económico está por encima del democrático) es volver a las raíces del modelo que planteaba Platón.

Por no hablar del colofón “si, pero al final la economía tiene la última palabra”. Cerremos el Parlamento, clausuremos los Ayuntamientos y dediquémonos a recoger dirigentes recién salidos de las Facultades de Economía. Si las decisiones políticas son irrelevantes, ¿qué ***** de democracia es ésta?

Un comentario en “Sí, pero luego la economía tiene la última palabra

  1. La base fundamental del marxismo es el determinismo económico, que afirma que la historia, además de repetirse, viene determinada por la economía. Y estoy deacuerdo.

    Si compartiéramos la riqueza, primarían muchísimas cosas por encima del dinero. Pero, en este sistema, La señora Merkel, Zp, y demás pueden decir lo que quieran, pero si otras energías, aunque siendo menos agresivas para la naturaleza, cuestan más dinero, siempre van a quedar en segundo lugar por la propia naturaleza de este sistema.

    Si hay capitalismo, no hay democracia (demos kratos, poder del pueblo).

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