Lo que yo dije

Ayer tuvo lugar el acto que organizamos con Julio Anguita en Ciudad Rodrigo para hablar entre otras cosas de la crisis. Estamos trabajando en los vídeos, pero un lío de cables nos va a producir al menos dos días de retraso.

Por tanto, lo más que puedo hacer es decir que se pueden ver las fotos en el perfil de IU Salamanca en Facebook, en nuestra página web y que aquí dejo colgada mi presentación, para quien quiera leerla. En pocos días iremos subiendo los videos de las intervenciones de Antonio, la mía y, evidentemente, la de Julio.

Decía al principio que nuestra intención hoy es intentar ofrecer una visión del mundo diferente a la que se lanza desde los medios de comunicación y las principales esferas de la política institucional. Hoy más que nunca es necesario favorecer el pensamiento crítico, pues sólo en el pensamiento crítico puede sostenerse la democracia que, como diré a continuación, creo que se enfrenta a serios peligros y ya ha perdido algunas batallas.

Cuando Julio nos propuso dar esta conferencia nos dijo que si bien el título sería sobre una crisis en singular, el contenido trataría sobre las crisis en plural. Y es que ciertamente nos encontramos ante una gran crisis económica del modelo neoliberal. Pero también ante una gran crisis alimentaria, una gran crisis ambiental, una crisis energética y una crisis de la política y de la democracia.

Pero de esta crisis podemos obtener otras muchas enseñanzas. No sólo es que rescatemos a los bancos y no a las personas sino que además continuamos con las mismas medidas que nos llevaron a esta situación. La ideología neoliberal, esa que ha provocado que durante los últimos 30 años aumente el número de pobres a nivel mundial mientras que las grandes empresas siguen ganando inmensas sumas de dinero, se ha adueñado de todo el pensamiento. Y lo más sorprendente es que no parece haber ni un solo síntoma de autocrítica.

Porque esto nos sitúa en la crisis de la política, de la que ya habla mucha gente. Una crisis de la política y de la democracia que aparece por varios factores. El primero, la pérdida de poder de los gobiernos. Las decisiones ya no las toma el Parlamento ni la Eurocámara, sino que son dictadas por los mercados, por los grandes banqueros y los especuladores. Por las grandes fortunas. Y resulta que desde los mercados, así como desde las grandes instituciones del pensamiento neoliberal, la doctrina nunca es de mejorar la calidad de vida, ni de mejorar las pensiones, ni de aumentar las prestaciones por desempleo o subir los salarios. Pase lo que pase, siempre es lo contrario.

Una crisis de la política que tiene más síntomas. Por ejemplo que no haya alternativas y que la economía se muestre como una ciencia exacta, que es escrita por unos gurús, bien pagados por las multinacionales, que dicen lo que hay que hacer. Ya no importan los programas electorales por lo visto, porque uno puede decir que es de izquierdas y hacer el programa de la derecha. O presentarse a las elecciones con un programa y poner en marcha otro dando la excelente explicación de que “es lo que hay que hacer”. ¿Qué dirán ahora los del voto útil? El voto útil se ha demostrado claramente inútil.

No hablemos ya de la conversión de los ciudadanos, de los animales políticos (como los llamaba Aristóteles) en meros consumidores.

Igualmente peligroso es la hegemonía de los mensajes y la falta de crítica, como decía antes, de lo que se dice. Alguien dijo que hemos vivido por encima de nuestras posiblidades y ahora todo el mundo lo repite. ¿Pero quién ha vivido por encima de sus posibilidades? ¿Los que cobran pensiones mínimas, las más bajas de nuestro entornos? ¿los ciudadanos de a pie que ven como sus servicios públicos no han mejorado sustancialemente? ¿y entonces por qué tenemos que pagar nosotros y no las grandes fortunas, a las que se les han rebajado los impuestos y han aumentado sus beneficios empresariales?

Estamos ante una crisis de la política también por el crecimiento de mensajes y discursos que pretenden hacer de la política algo insano, cuando la política es la única herramienta que tenemos los ciudadanos para hacer del mundo un lugar más habitable. Deberíamos tener mucho cuidado favoreciendo estos eslóganes que dicen que los políticos son los causantes de todo o cuando se convierte el debate público en tertulia y no en confrontación de ideas; y la tertulia en gresca, insulto y desprestigio de la política.

No digo que no existan razones para que la Política esté desprestigiada. Digo que es muy peligroso que eso ocurra. Porque lo siguiente es su aniquilación, es decir que la política no debe existir, o más bien, que son los políticos los que tienen que batirse en retirada. Y entonces será la ley de la selva e, incluso, si me lo permitís, la dictadura. Bien la dictadura de la fuerza, bien la dictadura de los mercados o bien la pesadilla Orweliana.

Esa dictadura de los mercados y esa uniformidad del pensamiento planean sobre nuestras cabezas como una espada de Damocles porque laminan la crítica y el razonamiento, al no tener como fuente el debate público.

Termino con Bauman, que ha recibido este año un merecido Príncipe de Asturias y que para mí es quizá el autor que mejor ha explicado el mundo el que vivimos. Termino con su último libro, editado este mismo año. Tiene un capítulo entero dedicado al Holocausto. Hoy no venimos a hablar del Holocausto pero lo que se dice en este párrafo que voy a leer se puede extrapolar perfectamente a las crisis económicas:

“Hace cincuenta o sesenta años, se esperaba que el conocimiento mismo de los truculentos detalles del Holocausto impresionara hasta tal punto a la humanidad que la despertara de su somnolencia ética e imposibilitara así nuevos genocidios. No ha sido así. Del mismo modo que el legado del Holocausto ha inspirado una aversión general frente a las llamadas soluciones finales, para muchos ha constituido también una tentación de cara a probar las suyas propias. Más de medio siglo después, sigue aún abierto el problema de inmunizar a la sociedad frente a tales tentaciones genocidas.”

Esto que dice Bauman sobre el Holocausto bien podríamos aplicarlo al genocidio silencioso que se da en muchas partes del mundo fruto de las políticas neoliberales. No parece que el haber comprendido la crisis ni los mecanismos de aumento de la pobreza, las “soluciones finales neoliberales”, nos esté ayudando demasiado a ponerles freno y a dejar de repetirlas.

Por eso hoy contamos con Julio Anguita. Cuando el año pasado le presentaba decía que nos bastaba si con actos como éste únicamente removíamos conciencias y hacíamos ver que existe otra manera de ver y pensar las cosas y de ver y pensar el mundo. Que hace falta una alternativa porque el neoliberalismo es el camino de la barbarie y la desigualdad. Y es necesaria una alternativa económica, ambiental, alimentaria, energética, pero sobretodo política, una alternativa que de prestigio a la política y que la revalorice, tarea a la cual creo que Julio ha dedicado su vida.

Muchas gracias.

 

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2 comentarios en “Lo que yo dije

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