Un nuevo siglo XXI

A comienzos del año 2000, una vez pasada la histeria colectiva por el efecto que nunca se produjo, comenzamos a discutir como locos sobre si el siglo XXI comenzaba en el 2000 o en el 2001. Hubo argumentos de todo tipo y en cualquier lugar uno se podía encontrar gente intentando descubrir si alguna vez existió el año cero o si cuando se hizo el cambio de calendario era posible saber exactamente el año en el que la Biblia situaba el nacimiento del mesías cristiano. Esta discusión casi absurda se acabó en el 2001, y no porque dijésemos que “sea como sea, ya estamos en el XXI” sino porque en el 11 de Septiembre fue atacado el World Trade Center y al final se impuso una obviedad: que lo que importa no son los cambios de siglo, sino los cambios de era. Y ese día la historia tomó una dirección distinta, sin ninguna duda.

Efectivamente, el siglo XX acabó con la caída del Muro de Berlín pero el siglo XXI no terminó de empezar hasta que las Torres Gemelas se desplomaron. Cualquiera se acuerda de ese día y de la sensación que tuvo: el mundo a partir de hoy no va a ser como lo conocemos, esto tendrá repercusiones. La semana pasada se ha vivido otro de esos momentos en frentes distintos pero con un fondo común: la democracia.

Aunque parece que se habla poco de ello (y se habla mucho de otras cosas) no hace demasiados días que los grandes especuladores casi tumban un país como Irlanda obligando a los contribuyentes europeos a pagar el rescate no de un país, sino de los bonos desvalorizados de esos mismos especuladores. Toda una estafa. Pero no la primera, ni parece que la última. Esta semana hemos vuelto a tener constancia de que no son los gobernantes elegidos democráticamente, con el voto ciudadano, los que toman las decisiones, sino que son los banqueros, los especuladores y las grandes riquezas, lo cual pone en cuestión el modelo democrático en el que vivimos. Un modelo que se desquebraja puesto que si no viene acompañada de la democracia económica, la democracia política puede ser absolutamente inútil.

Y sin duda el gran evento es el Cablegate: la filtración por parte de una organización internacional de los secretos diplomáticos de EEUU. Wikileaks ya había actuado antes, pero quizá sus actuaciones nos mostraban cosas que podíamos intuir. Ya sabíamos que el ejército de los EEUU, el gran baluarte de la democracia, se pasaba los derechos humanos por el forro en Iraq y Afganistán pero no estuvo tan claro hasta que vimos ese video en el que se aniquilaban grupos de personas aún con la duda de si estaban armados o no; e incluso se acusaba a los padres de los niños a los que acaban de matar de ser los culpables, por sacarlos de casa. Teníamos sospechas de que cosas así podían estar pasando y nos imaginábamos que EEUU podría estar presionando en diferentes esferas para defender sus intereses. Pero no ha quedado todo claro hasta que no se han empezado a publicar los cables.

Los de la embajada en España son un escándalo en toda regla y que todavía no haya salido nadie negado rotundamente lo que allí pone nos puede dar pistas de por dónde van los tiros. Según esas comunicaciones, estaríamos ante una clara injerencia de un país extranjero en el poder político y judicial español; ante un gobierno que miente a sabiendas, y con dobles lenguajes; que dice perseguir a criminales de guerra pero que después, tras las bambalinas, mueve los hilos para que los asesinos queden impunes.

No es extraño que a Julian Assange, la cara más visible de Wikileaks, le salgan muchos enemigos en las jefaturas de los Estados y bastantes amigos entre la ciudadanía de a pie. Están haciendo algo que cambiará el mundo, porque mucha gente ya comienza a desconfiar de cómo veía la realidad, de lo que le cuentan y le han contado. Entramos de nuevo en el siglo XXI, pero en un nuevo siglo XXI.

*Publicado en La Voz de Miróbriga el 10/12/2010

 

7 comentarios en “Un nuevo siglo XXI

  1. Discrepo en una cosa, lo de “injerencia de un país extranjero”, creo que de los cables se desprende claramente que somos una colonia, o monarquía bananera o como quieras llamarlo…

    o si no que venga alguien y lo niege

  2. Pingback: Bitacoras.com
  3. A mí me parece que, quizá wikileaks, nos dé un empojoncito para darnos cuenta de que, aun hoy, existe la lucha de clases y que, los poderosos, hacen con nuestro dinero lo que les da la gana, recordando a aquellos tiempos en los que tenías que tributar al rey para que comiera de puta madre y se follara a 20 concubinas, mientras te morías de hambre.

    Por otra parte, he leído este párafo un par de veces (“Un modelo que se desquebraja puesto que si no viene acompañada de la democracia económica, la democracia política puede ser absolutamente inútil.”) y me cuesta bastante entederlo.

    Yo no creo que haya una democracia política y otra económica. O hay democracia, o no hay. Sino, es una oligarquía en toda regla (que es en lo que yo creo que vivimos hoy).

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