¿Para qué sirve Europa?

Semanas como esta permiten hacerse recurrentes preguntas. Una vez que Sarkozy ha puesto en marcha un programa de expulsiones étnicas en su país al más puro estilo de la República de Weimar, deberíamos cuestionarnos el papel de las instituciones europeas. Pues la historia de la mal llamada construcción europea, cuyo último eslabón, hasta la fecha, es el inefable Tratado de Lisboa, deja entender con claridad que la supuesta Unidad esconde tras de sí una única intención: generar un mercado común, pero no políticas comunes. Y los mercados sin políticas siguen siendo el gran objetivo de quienes han estado y están en constante ataque a la democracia.

Lo que ahora es una Unión Europea, o eso pone en los papeles, comenzó, como es sabido, con un proceso de integración de los mercados, comenzando por los de algunas materias primas para alcanzar la apertura total que en la actualidad existe. Y si bien es cierto que en asuntos como la movilidad de personas se ha avanzado (quizá bajo la excusa de la mano de obra, todo sea dicho), no lo es menos que únicamente se ha caminado en asuntos económicos. Y no sólo es inquietante sino absolutamente abominable.

Pensar que un proyecto como el que nos quieren vender de Europa se puede hacer desde la Unidad Económica pero no fiscal, ni jurídica, ni educativa, ni laboral, ni tantas otras cosas es cuanto menos una tomadura de pelo que pone a los pies de los caballos a la propia democracia. Pues la UE, tal y cómo está configurada, y sus propias instituciones en particular, no tienen instrumentos ni mecanismos para la toma de decisiones ni para la puesta en marcha de las pocas que pudieran acometer. Salvo casos muy excepcionales, la gran mayoría de los tratados, directivas y demás normas aprobadas en el seno de las instituciones europeas no constituyen más que meras propuestas para los Estados, nunca (o casi nunca) aspectos prescriptivos. Y esto ocurre así por dos motivos esenciales.

El primero de ellos es el escaso poder de las instituciones europeas democráticamente elegidas. No hablamos ya de que los dos grandes grupos políticos europeos (Socialista y Popular), votasen a Barroso como presidente, lo cual demuestra que piensan lo mismo en la mayor parte de las cosas; sino de que el Parlamento Europeo, única institución en la que los ciudadanos pueden tener voz y voto para la elección de sus miembros, tiene un escaso poder de decisión. Las cuestiones económicas quedan al cargo de un supuesto neutral Banco Central Europeo, donde Trichet decide y el resto aplaude, como si las cuestiones económicas no tuviesen un carácter político y los ciudadanos no debieran también poder tomar esas decisiones a través de sus representantes. Pero es que la gran mayoría del resto de “decisiones” las toma la Comisión Europea, que congrega a los Ministros del ramo en cada caso.

No hablemos ya del método de toma de decisiones según la cual para aprobar algo ha de ser casi por unanimidad. ¿Se imaginan ustedes en que en España para aprobar los Presupuestos, la Ley de Educación o cualquier decreto tuvieran que aprobarlo todos los grupos políticos? Nunca se avanzaría, nunca se tomaría una decisión. Y así ocurre en la UE: no se toman decisiones. Lo cual, en definitiva, lo que hace es mantener el “statu quo”: desigualdad, injusticia y métodos poco democráticos.

Pero es que, además, las decisiones no son obligatorias y, al no existir una fiscalidad europea que permita autofinanciar “el proyecto”, ni medios coercitivos para que los Estados que no cumplan “reciban algún tipo de sanción”… pasa lo que pasa. Los acuerdos, que ya de por sí son genéricos y de mínimos, no tienen por qué ser aplicados, más cuando tienen que ver con cuestiones de derechos fundamentales.

En definitiva, los problemas de racismo de Estado que con Sarkozy estamos viendo, los ataques a los derechos de los trabajadores, la reducción progresiva del Estado Social… son problemas que deberían ser achacados a nivel europeo con grandes acuerdos que permitan establecer los mínimos que no pueden cruzarse. Lo cual requiere, qué duda cabe, otro modelo de construcción europea.

Quizá una de las cuestiones más importantes en estos tiempos sea la de establecer un contrapoder democrático frente al poder económico de los llamados mercados y, principalmente, las grandes multinacionales y la banca internacional que manipulan a los gobiernos elegidos democráticamente. Pero esto únicamente se puede poner en marcha aplicando mecanismos de toma de decisiones democráticas a nivel internacional. Visto lo que ocurre en instituciones como las de la ONU y la propia UE, parece que vamos en dirección contraria.

Mañana o pasado hablaré sobre la Huelga.

3 comentarios en “¿Para qué sirve Europa?

  1. Pingback: Bitacoras.com
  2. Además de estar de acuerdo en lo que has señalado, me gustaría resaltar el clasismo que existe en la UE. Porque, no es lo mismo que sea Alemania, Francia u Holanda los que hablan, que Polonia, Portugal o España, por ejemplo.

    Hay ciertos países que tienen más poder de decisión debido, principalmente, a su mayor poder económico.
    Lo cual nos lleva, otra vez, a señalar que es la banca la que manda, frente a la democracia (que es la que debería).

    En mi opinión, se debería cambiar el contexto económico mundial, para ver si así, podrían desaparecer barbaridades como que muera, de hambre, un niño menor de diez años cada dos segundos, por ejemplo.

    No es normal que haya países con el PIB de Luxemburgo o Suiza y haya otros como Angola o Guinea Ecuatorial, donde hay tres hijosdeputa montados en el dólar y el resto del pueblo se muere de hambre.

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