Gabilondo y la gramática española

Nada más ser nombrado titular del Ministerio de Educación, Ángel Gabilondo se dispuso a conseguir la titánica tarea de un “Pacto Político y Social por la Educación”. Comienzan las declaraciones (de intenciones) y empiezan a elaborarse documentos de trabajo sobre los que ir planteando diferentes asuntos. Y si bien el repaso de dichos textos (en especial el de las propuestas) no complace a los sectores de la izquierda educativa por su contenido, había ciertas esperanzas en un ligero cambio de rumbo. Pero lo dicho en la entrevista publicada el sábado en Público deja bien claras las intenciones del Gobierno.

El análisis de sus declaraciones me ha obligado a hacer varias consultas a alguien que hace del estudio de la gramática (y la literatura) una parte importante de su vida y la conclusión que saco es sencilla: o bien los técnicos ministeriales y el propio Gabilondo no conocen el castellano, cosa que dudo, o la evidente negligencia gramatical en la que incurren tiene la intención de entorpecer y desviar la atención de la sociedad. Pienso que es lo segundo. Bonitas palabras y grandes discursos esconden una estrategia contraria a la que venden y, como quiera que la mejor propaganda es la que se realiza a través del lenguaje, una simple letra estudiada en su justo contexto nos muestra una realidad incómoda, pero que muchos venimos anunciando.

Para comprender el nada sesudo razonamiento, únicamente hay que prestar atención a la diferencia que en castellano tienen “o” e “y”. Como si de una explicación para alumnos de la ESO se tratara, ahí van dos párrafos muy sencillos.

“O” es una de esas partículas que en castellano pueden tener varios significados y, por lo general, éstos han de descubrirse por el contexto. Uno de los usos más comunes es el de la equivalencia, el de indicar sinonimia. Por ejemplo, cuando digo “escribo en mi blog o bitácora”, pongo de manifiesto que las palabras “blog” y “bitácora” se refieren a lo mismo o a cosas muy similares.  No obstante, también puede significar contraposición y estaría jugando la función de conjunción disyuntiva (que palabros usan estos filólogos). El ejemplo más claro de este segundo uso es el de “vamos a la playa o al mar”. Es excluyente. No podemos ir a los dos sitios, tenemos que decidirnos.

Por otro lado tendríamos la conjunción “y” que tiene una función coordinativa, es decir, que une dos elementos no excluyentes. Ejemplo claro sería “he comido sopa y merluza”. He comido ambas cosas, no he tenido que decidirme por ninguna.

Cuando el Gobierno vende su propuesta como un “Pacto Político y Social”, utiliza una conjunción coordinativa, es decir, asume que hay ambas cosas. Parecería, por tanto, que es un Pacto Político (entre diferentes partidos) y Social (entre grupos y movimientos de la sociedad educativa). Pero los hechos parecen demostrar lo contrario pues ya hace meses que diferentes grupos políticos denunciaron que las conversaciones estaban siendo “a puerta cerrada” entre el Gobierno y el PP. También los llamados actores educativos (asociaciones de padres y madres, sindicatos, alumnos…) se han indignado ante la falta de diálogo y la percepción de que “la comunidad educativa no parece pintar nada en este Pacto”.

Esta realidad, la de que no era un verdadero “Pacto Político y Social” se ha constatado tras la ya mencionada entrevista.  La frase mágica es la siguiente:

Buscaremos el máximo consenso posible. Primero con el PP, porque es el que puede dar estabilidad normativa, pero si no es con ellos, será con otros, y si no, será un pacto social

Al Ministro no le duelen prendas en reconocer que el Pacto será exclusivamente político y que sólo en el caso de que esa vía fracase (“si no”) comenzaría la vía “social”. Y, para aquellos que decimos que es un Pacto sólo con el PP y que se está claudicando ante las demandas de la derecha, un mensaje cristalino:

El pacto no será bipartidista. Que algunos sean pocos no significa que no tengan un interés social, recibimos e integraremos propuestas de todos los grupos y partidos políticos.

Sería un  consuelo. Lástima lo que se dice a continuación:

Pero hay propuestas de algunos sectores que si las pones en la mesa, se rompe el consenso.

Pues eso, lo que yo decía, que sólo se van a “poner sobre la mesa” aquellas propuestas que no molesten al PP. No hablaremos de enseñanza concertada, ni de la privatización galopante en determinadas comunidades autónomas, ni de la cuestión religiosa (acuerdos con la Santa Sede incluidos)… ni mucho menos de las hondanas segregadoras que están en marcha.

Lo que está en marcha no es un “Pacto Político y Social”. Como mucho, si no queremos entrar en esa negligencia gramatical interesada, un “Pacto Político o Social” (en sentido disyuntivo). Y yo que tenía esperanzas en un Pacto para mejorar la Educación Pública…

Enlazado en RED IRES

4 comentarios en “Gabilondo y la gramática española

  1. Es tremendamente ilustrativo que en todo el documento llamado “pacto político y social por la educación” no exista ni una sola vez, repito: ni una sola vez, el concepto “educación PUBLICA”.

    Con esos polvos…

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