Voluntariado Militante

Se me pide escribir algo con motivo del Día del Voluntariado y, como creo que el tema puede estar algo manido, intentaré salirme procurando no defraudar mucho.

Decía Paulo Freire que los sueños son proyectos por los que se lucha. Sueños hay muchos, sin duda, pero hay gente que tiene uno que, a mi parecer, es de un rango superior a cualquier otro: hay quien sueña con vivir en un mundo mejor y con ayudar a construirlo. Creo que por ahí van los tiros. Hay personas que ocupan su tiempo en aportar un granito de arena, una pequeña o grande acción, un trozo más o menos importante de su existencia a hacer mejor la de otros seres humanos. No sé si llamarlos voluntarios, quizá el concepto se queda un tanto restringido, lo que si sé es, como dice el nuevo presidente electo de Uruguay, es que son militantes.

La militancia social, ese empeño en hacer de nuestro mundo un lugar habitable con todas sus consecuencias, no es más que la actitud transformadora basada en la mutua solidaridad. Evidentemente, militantes hay muchos. Desde el que se va de cooperante, con riesgo de secuestro incluido, hasta el que se dedica a saludar a ese vecino o vecina que, sabe, no tiene con quien hablar. Lo que caracteriza al militante es el proceso constructivo y la toma de conciencia. El militante sabe que el mundo no es como debería ser y, lejos de entregarse a lametaciones funestas, empeña algo de sí para hacer que otros puedan disfrutarlo.

¿Qué sería de este mundo sin militancia? Como ya se ha dicho, éste es un mundo individualista. Las personas parece que somos átomos aislados sin ningún tipo de conexión y que, por la ideología dominante, es mejor que seamos egoistas. Llevado al máximo extremo, como estamos viendo, una sociedad basada en estos supuestos es absolutamente insostenible. No se puede sostener que no haya relaciones calurosas, de apoyo incondicional, entre las personas que habitan en lugares cercanos. Vamos abocados al infarto social, al colapso de las arterias ciudadanas, si no ponemos en marcha puentes, si no somos solidarios. Vivimos no sólo una crisis económica, sino una crisis de civilización. Por eso digo que no me gusta sólo hablar sólo de voluntariado sino de toda esa gente que, tomando conciencia de esto, se dedica a edificar algún tipo de compasión, justicia y relaciones sanas, que permitan desintoxicar esta insalubridad general de apatía colectiva. Son seres eminentemente solidarios; con un marcado sentido del deber y con una bondad profunda.

Incluso podríamos llegar más lejos. Podríamos decir que la noción de ciudadano únicamente se entiende en sociedad. No existiría un ciudadano si no es en la relación con otras personas. Y podríamos decir que el ciudadano tiene la obligación de actuar y tomar parte en ese entorno en el que vive pero esto, en los tiempos que corren, es decir demasiado desgraciadamente. En estos tiempos en los que hay millones de personas que no tienen algo que llevarse a la boca; en los que muchas personas son excluidas por su condición o por su edad; en los que la droga hace estragos en la vida de muchos, en los que la pobreza y la injusticia están más a flor de piel que nunca también en nuestro entorno, el militante se hace imprescindible.

Y digo que dentro de esta “raza” general de militantes están incluidos los voluntarios. Gente que se nutre de una fuerza especial para realizar acciones concretas que se dirigen a esto que hemos dicho: la transformación de la sociedad. Lo característico de este tipo de acciones es que, además, están coordinadas y, por tanto, pueden llevar a cabo estrategias sobre temas que hacen falta. Aunque el voluntariado, como toda fuerza, tiene su lado oscuro en el ámbito de la intrusión laboral, y creo que éste es un debate que también hay que ofrecer, pero una vez dicho que la labor de estas personas es absolutamente necesaria en el mundo donde vivimos.

Las utopías sirven para caminar, decía Galeano en uno de sus más famosos poemas. Pero las utopías sólo lo son mientras no se han conseguido y a nadie se le escapa que mejorar lo presente está en las manos de aquellos y aquellas que miran más allá de su propio ombligo y que son capaces de participar en un proyecto que sólo se puede realizar colectivamente.

Cuando parece que la solidaridad ha sido destruida, quedan rayos de esperanza encarnados en organizaciones formadas por seres humanos con un corazón sobresaliente. La Historia de la Humanidad ha sido elaborada por personas cuya dedicación era destruir y por otros cuya intención era de construir ¿de qué lado nos situamos? Ellos lo tienen claro. Y el resto debemos tomar una decisión porque, en estas cuestiones como en otras muchas, no se puede ser neutral.

(Publicado en RedCiudadRodrigo)

4 comentarios en “Voluntariado Militante

  1. Quizá pesa demasiado nuestra condición humana de irnos a lo fácil; esto es, la inactividad. Dado que desde renacuajos nos embotan el cerebro con una realidad determinada, parece que a muchos les cuesta comprender que otra es posible.

    A esos que realmente actúan según piensan, a esos que desechan los imposibles y construyen un mundo mejor, gracias.

    Feliz día del voluntariado! (con cierto atraso xD)

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