Los hombres también

En un momento de su discurso y ante una pregunta de una asistente, Cayo Lara recuperó unas palabras que días antes le había dicho José Saramago. Al parecer, el premio Nobel asegura que el problema de la violencia contra las mujeres, el cáncer de los machismos que asolan las almas de aquellas que no tienen refugio, esa gangrena que tenemos instalada entre nosotros sólo se solucionará el día que sean los hombres los que salgan a manifestarse y las mujeres las que les aplaudan. El ejemplo me parece idóneo.

Efectivamente, en esta materia se han dado pasos, y muy importantes. Pero falta camino por andar, y no poco. Es cierto que hoy los hombres no nos sentimos identificados con el maltrato; que no se identifica al maltratador por hombre, sino por salvaje. En los tiempos que corren no es ya común que los “machotes” alardeen en los bares de la cantidad de puñetazos que le han pegado a “sus” mujeres, pero muchas siguen habitando en el infierno, soportando la humillación, el maltrato, la vejación y las agresiones de quienes se presentan como compañeros de un viaje que parece llevar a ninguna parte.

Algunos avances políticos, jurídicos y sociales se han dado, pero las raíces del problema siguen sin abordarse. Recuerdo que hace años, antes de comenzar mis estudios en Cáceres, acudía a manifestarme bajo los soportales del Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo con algunas integrantes de la Asociación “Lorenza Iglesias”. Allí estaba yo, único varón, bien joven todavía, rodeado de mujeres de diferentes edades (no demasiadas) mostrando mi rabia por lo que consideraba una lacra social. Poco tardaron en llegarme comentarios de extrañeza por acudir a dicha convocatoria. Para algunos, manifestarse con las mujeres no tiene sentido, pues de ellas es el problema y han de ser ellas las que se lo solucionen. Ésta es, a mi juicio, una de las principales barreras que el movimiento ha de derrumbar.

Asumir que la violencia machista o la lucha por la igualdad es algo de incumbencia únicamente femenina es mezquino. Este camino hemos de andarlo juntos hombres y mujeres. Ellas no tienen que ganarse nada, pues lo que piden es suyo por justicia. Derribar los muros de la intransigencia, de la discriminación y alzar la bandera de la igualdad no debe ser labor de unas pocas sino de toda la sociedad en su conjunto. Callarse y mantenerse al margen viene a ser lo mismo que perpetuar un sistema de prebendas basadas en la suerte de nacer con el cromosoma X o con el cromosoma Y.

No podemos engañarnos a nosotros mismos pensando que la lucha contra el maltrato es una cuestión de género en la que no debemos participar. Hemos de ser precisamente nosotros los que demos un paso adelante. Gritar bien alto que lo masculino no es lo violento y que cuando las atacan a ellas nos atacan a nosotros; que estamos de su lado, porque el otro lado es el del maltratador; que no estamos parados, sino activos; que pueden contar con nosotros, porque somos iguales; que no queremos privilegios.

Cuando recibí la invitación para acudir este lunes al acto de presentación de la Asociación de Hombres contra la Violencia de Género en Santa Marta no lo dudé ni un momento. Y, aunque mañana no podré acudir a los actos organizados por el Movimiento Ciudadano en Ciudad Rodrigo, por cuestiones personales, espero que poco a poco podamos decir que, si es para construir una sociedad mejor, los hombres también están.

(dejo aquí este video que anda rulando por internet de una conferencia de Isabel Allende y que me parece extraordinario)

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4 comentarios en “Los hombres también

  1. Tenéis razón tanto Isabel Allende como tú. La primera, porque hay una extraña asociación de feminismo a misandría, quizás por eso muchos hombres ven ciertas reivindicaciones en favor de la mujer exageradas y ajenas (claro, lo dicen aquellos occidentales que se sientan en su sillón de Ikea a ver pelis de Sophia Loren y achacan dichas reivindicaciones exclusivamente a feministas). Además de esto, el problema de la mujer hoy en día (pese a que exista una Ley de Igualdad efectiva entre hombres y mujeres en algún país occidental) es que se tiende a pensar que el problema de la mujer está ya casi solucionado – excepto pequeños pormenores que serían la violencia de género y la conciliación de la vida laboral con la familiar -. Sin embargo, la realidad es bien distinta y como bien le dijo ella a su hija, el problema es mucho más grave: el 80% de los refugiados y desplazados son mujeres, es la población más vulnerable, sometida a tortura, trabajos forzados y violaciones ¿Cómo no darse cabezazos contra la pared cuándo algún mozuelo que otro piensa que como las mujeres pueden conducir camiones y hacer de albañil ya hay igualdad efectiva? ¿Cuándo nos dejaremos de mirar el ombligo?.

    Respecto a tu reflexión y recordando la de Saramago, hay que aplaudir la creación de movimientos asociativos como el de Santa Marta y a ver si un día de estos podemos salir a la calle a aplaudiros (aunque espero que llegue un día que no haya ni que salir a la calle por esto)

    Un besazo enorme, amore

  2. @Alba: cuanta razón tienes. El problema es de una sociedad no sostenible, como dice nuestro amigo Sampedro en ese libro maravilloso que me regalaste, vivimos en una sociedad infartada. Y quizá él lo explica en otros sentido pero el velo que nos ponemos todos los días es increíblemente demoledor. Comentas algo que me parece de mucha importancia: nosotros, burguesitos del mundo rico, no somos capaces de ver más allá de nuestra larguiducha nariz y las fronteras que nos hemos inventado.

    Cuando decimos que los problemas de las mujeres van solucionándose (y me aplico el cuento, que seguramente haya errado en alguna parte de mi artículo) estamos asumiendo “de facto” que fuera de occidente no hay mujeres, o que no merecen consideración.

    Yo creo que debemos avanzar en el sentido de una ciudadanía mundial, como adelanta Adela Cortina y que el deber de un ciudadano mundial, de un ciudadano del mundo es el de establecer una ética discursiva que tenga en cuenta a todos y no sólo a unos pocos. En este sentido, no sé si hoy o qué día escribiré un articulín que la charla de hoy me ha brindado. Se titulará “que es y que no es una crisis”. Deberíamos pensar en qué estamos centrando todos los esfuerzos humanos, materiales, técnológicos y políticos en este mundo y en qué no… y creo que por ahí van los tiros.

    Por acabar, yo también deseo que no haya que salir a la calle. Como también deseo que no tengan que existir políticas de discriminación positiva, o que tenga que haber redistribución de la riqueza porque no haya pobres… pero hasta entonces el mundo está en nuestras manos y sólo de nosotros depende el construirlo ¿no te parece?

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