Sueldos, pagas y extras millonarias

No entiendo ese rubor generalizado en torno a las pagas millonarias de algunos directivos y miembros de los consejos de administración de empresas. Hay quien dice que es inmoral que estas entidades, que han solicitado la ayuda urgente de Papá Estado para esquivar la quiebra con el dinero de todos y todas los ciudadanitos de a pie, den extras colosales a estas personas. Bajo mi punto de vista, se lo han ganado. Y voy a intentar demostrarlo.

Para muestra un botón, leo en Público que la banca española está sacando un rédito bastante goloso a las ayudas que el Estado ha puesto a sus manos. Por lo visto, la nada desdeñable cantidad de 160.000 millones de euros que el Gobierno puso a su disposición para evitar su desplome está siendo utilizado no para dar créditos a las familias, a las pymes o a los autónomos, que deben ser mandangas, sino para cosas más importantes: ampliar los beneficios. 160.000 millones de euros que son así como el 15% de la riqueza nacional se han puesto en las manos, mejor dicho los bolsillos, de los homólogos de Botín sin pedir contrapartidas. No se condiciona a que llegue a las familias, sino a que no se desplomen los bancos y las cajas.

Pero hagamos un poco de historia. Si recordamos bien, vivimos una crisis financiera como no se recordaba desde el crash del 29. Una crisis que no sólo afecta a los bancos sino que mutis mutandis, ha caído sobre las espaldas de las familias medias y bajas de los países más desarrollados. ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Por todos es conocida la respuesta: resulta que había una serie de empresas y entidades financieras que se estaban hinchando a beneficios pero que nunca tenían suficiente. Entonces es cuando a sus directivos se les ocurre la estupenda idea de crear una serie de productos financieros de dudosa calidad, con un  altísimo riesgo pero con un rendimiento elevado. Se trata de que uno se juega mucho dinero y con grandes posibilidades de perderlo, pero que si gana, el premio es colosal. Pero, ¿en qué consisten estos productos? En hipotecas basura, o subprimes, que no son más que aquellas que han firmado familias que no podrán pagarlas, aún a sabiendas del banco que las ofrece. ¿El aval? La vivienda comprada.

Y ahora es cuando llega el quid de la cuestión. Estas bombas financieras se van vendiendo de banco en banco y de empresa en empresa. Unas se las compran a otras, se revenden y se cambian por otro tipo de productos. Ante un rendimiento tan elevado y sin hacer preguntas, todo el mundo quiere su parte del pastel. Y, claro, el día que explota lo hace esparciendo su impacto en todo el mundo.

Mientras tanto, evaluemos cual ha sido la actuación de los directivos. Primero, dirigían una empresa o un banco que más o menos iba dando resultados. Son tiempos de crecimiento económico, la última crisis ha pasado y el mercado es cada vez más libre. Los rendimientos, las ganancias, van aumentando y se mantienen en unos niveles francamente aceptables. Después, estos directivos observan que existe la posibilidad de aumentar estas ganancias y de obtener grandes beneficios con un esfuerzo ínfimo, a través de estos productos. Aún a sabiendas de que ponen en serio peligro la integridad de sus empresas (y sin conocimiento de los accionistas ni de los clientes) compran y venden petarditos como si de una patata caliente se tratase. Y es en este momento en el que llega el golpe definitivo, ese movimiento milagroso que los hace geniales. Cuando se destapa el pastel y sus empresas se tambalean por haberlo perdido todo (¿recuerdan que esos productos eran de alto riesgo, que podía perderse todo?), es entonces cuando encuentran una solución a sus problemas. Cogen sus maletines vacíos y se van a los Gobiernos, a los Bancos Centrales y piden sin ningún tipo de vergüenza que se los llenen, y aunque no amenazan formalmente, sí dejan una cosa bien clara: “si ustedes dejan que mi empresa se vaya a pique, las consecuencias serán fatales para las economías de sus países”. Y los gobiernos tragan. Además, serán éstos los que asuman todos los riesgos de estos regalitos que había por ahí circulando. Pero en vez de hacer que estas empresas sean públicas y gestionadas desde el Estado, lo que se hace es limpiarlas, sacarles todos los cánceres con dinero público y, una vez que se han saneado del todo, devolverlas a sus accionistas para que puedan seguir ganando dinero. Y, mientras tanto, el paro subiendo.

Desde luego que estos directivos se tienen las pagas más que ganadas. Pase lo que pase, hagan bien las cosas o las hagan mal, han descubierto un mecanismo para que su empresa y sus accionistas siempre ganen. Pueden tomar todos los riesgos que quieran pero las consecuencias nunca serán asumidas por ellos, sino por el conjunto de los ciudadanos y ciudadanas. ¡Para que digan que no se merecen extras millonarias! ¡Y el cielo también!

2 comentarios en “Sueldos, pagas y extras millonarias

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s