Carta a los etarras

Hay ocasiones en las que uno preferiría no tener que escribir. De hecho, llevo sin hacerlo unas semanas. El trabajo, las elecciones y la necesidad de demostrar lo que se sabe me lo han impedido. Hay ocasiones en las que preferiría no tener que escribir pero parece obligado. Afortunadamente, mantenemos, y seguimos utilizando, el arma que de verdad nos da la libertad. Los criminales buscáis una supuesta liberación a través de las bombas, y nosotros, los demócratas, creemos que la liberación sólo puede venir en el uso de la propia libertad. La libertad de expresión, la libertad de repudiar a aquellos que están contaminados por el odio y, como no, el incansable anhelo de la paz, son las que nos hacen activistas en esta causa.

No se puede defender un proyecto colectivo si los medios llevarlo a cabo son la destrucción humana y el silenciamiento de las ideas. En ese mismo momento, dichas intenciones caen en el vacío. Al igual que los nazis, vosotros, criminales, buscáis eliminar a todo aquel que no piense lo que vosotros pensáis. No lo vamos a permitir. Los vascos y las vascas son más fuertes que vosotros, os han aguantado muchos años y os van a aniquilar. Pero no usarán las armas. Para aniquilaros a vosotros sólo hace falta quitaros la razón.

Cobardes, asesinos, homicidas… vais perdiendo. Vais perdiendo porque no se puede ganar cuando uno tiene la moral enferma. Vais perdiendo porque cada vez hay más personas que salen a la calle a gritar que no sois nadie. Vais perdiendo porque ya habéis perdido. Si alguna vez tuvisteis algún tipo de razón, la tiráis por la borda cada vez que disparáis. Y seguiréis perdiendo mientras no entendáis que la política, el arte de gobernar, se hace mediante la palabra y que la legitimidad se gana con las ideas, no con los tiroteos.

Los tiroteos sólo legitiman ante quien no tiene más herramientas para solucionar los conflictos. Pero, afortunadamente, cada vez somos más los que creemos en el uso de la palabra y en el diálogo. Vais perdiendo y vais a seguir perdiendo eternamente. No penséis que por el camino de la violencia se llega a algún puerto. Lo único que queda tras la violencia son muertos, familias destrozadas y una sociedad fragmentada. Si de verdad tenéis algún tipo de proyecto social dejad las armas, porque con las armas sólo se puede destruir, nunca se ha podido ni se podrá construir. Las armas no se hicieron para eso, sino para todo lo contrario.

Hay ocasiones en las que uno preferiría no tener que escribir. Pero también es necesario intentar que comprendáis que soy mejor que vosotros. Os odio, me dais asco y no puedo soportar el hedor que supone teneros cerca. Pero no seré yo el que vaya a pegaros un tiro. Prefiero ir a la puerta de mi Ayuntamiento a gritaros en silencio “¡Cobardes, asesinos…. cobardes!”

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