La Mano de Greenspan

Todo entramado cultural dado se basa en una serie de axiomas y dogmas a partir de los cuales se sustentan las creencias e ideas de los miembros de la comunidad que integra esa cultura. Así, los cristianos basan todo su pensamiento en la creencia de que Jesucristo es Dios y, como miembros de la tradición católica, que Dios es omnipotente, bueno y creador. En estos supuestos se basa el resto de su construcción del mundo lo cual les hace tener (con matices claramente) unos planteamientos sobre todos los aspectos de la vida (cultura, moral, relaciones humanas, política, filosofía…) que forman lo que se viene a llamar una “cosmología” o, en otras palabras, un sistema de pensamiento. Todas las culturas lo tienen y todos, de una u otra manera, tenemos nuestras propias creencias, nuestros propios dogmas sobre los que edificamos nuestra postura vital.

De largo es conocido que el dogma central de la Teoría Económica que se ha impuesto (sobre todo a partir de la caída de la URSS) ha sido el del “Libre Mercado”. Un sistema económico que tiene como punto de partida el capitalismo clásico y que ha derivado en las prácticas económicas actuales, sobre todo en los EEUU y los países que se han visto influenciados por éstos.

Me sorprende enormemente que Alan Greenspan acuse de causante de la crisis a la “avaricia” de aquellos que hacían uso de la economía del riesgo. Es absolutamente increíble que este señor, que ha sido el Presidente de la Reserva Federal (FED) desde 1987 hasta 2006, haga este tipo de apreciaciones. Y es tan impresionante precisamente porque el hecho de que realmente opine eso sólo puede significar dos cosas: o bien este señor tiene la extremadamente difícil capacidad de criticar todo el entramado cultural en el que se encuentra y que él mismo ha contribuido a construir a nivel mundial o que durante todo ese tiempo en que ha ejercido como uno de los más importantes asesores económicos a nivel mundial, no se creía lo que decía.

Vayamos por partes. La teoría capitalista clásica en la que se basa el “Libre Mercado” fue desarrollada, como todo el mundo sabe, por Adam Smith quien sostenía que en los mercados actúa una suerte de mano invisible que actúa de forma reguladora, consiguiendo el bien común. De esta manera, es precisamente el egoísmo individual o, más bien, la unión de todos los egoísmos individuales ejerce de compensador y redistribuidor de la riqueza. Es decir, según esta teoría, hay que dejar a la Economía Libre que ya ella por sí sola (con el influjo de esta mano invisible) repartirá las riquezas y generará un mundo más justo. Evidentemente, esta teoría ha ido modificándose sobre todo a consecuencia de la aparición de los movimientos financieros de alto riesgo e internacionales aunque la base es la misma: “hay que dejar al Mercado actuar por sí mismo, para que la riqueza sea repartida”. Esta es la política que lleva siguiendo décadas EEUU mediante la expansión de las multinacionales y por la influencia del FMI y otros organismos similares.

Y así ha ido surgiendo el actual modelo económico norteamericano que está siendo copiado por Europa en sus principales características. Esta creencia en el Libre Mercado hace que la Política Económica deje de estar en manos de los Estados, para pasar únicamente al Mercado y, por ende, a las empresas. Y la primera consecuencia de este proceso es la privatización de las empresas públicas, seguida de la privatización de los servicios sociales. Sólo hay que observar las carencias de los sistemas públicos de salud, educación o pensiones en los EEUU. Ante estas demandas sociales, los neoliberales reconocidos (al señor Greenspan lo llamaban El Oráculo), decían que sólo había que esperar un poco para poder observar las verdaderas consecuencias: el consabido reparto que tanto nos venden. Y así vamos en Europa, con procesos de privatización general esperando a que el buen amigo Libre Mercado nos haga a todos iguales.

No obstante, parece que ahora (como otras veces) el sistema se está colapsando y no es capaz de salir por sí mismo del atolladero donde se ha metido. El Libre Mercado permitió que las empresas pudiesen vender supuestos de acciones, o productos financieros absolutamente intangibles sobre los que no se realizaba ningún tipo de control estatal. Y fue más allá vendiendo propiedades a quienes no iban a poder pagar. Esa deuda era utilizada por el banco para comprar otra cosa (“¡Hey, a mí este señor me debe 200.000, así que te compro acciones a cambio de esa deuda!”, se decían). Y este despropósito no podía hacer otra cosa que explotar. Alan Greenspan, férreo defensor del Libre Mercado (de la mano invisible egoísta de Adam Smith) atribuye ahora al egoísmo y la avaricia la culpa. Este señor debería replantearse seriamente muchas cosas.

Como mucha gente ha señalado ya, lo inverosímil de este proceso es que cuando ahora todo ha estallado en las manos de los que lo han provocado, vienen a pedir regulación pública e intervención estatal. Es decir, que su dogma: “Laissez – faire (dejar hacer) al Mercado” ahora ya no es tan claro. “Son medidas excepcionales, hasta que dure la crisis”, dicen. Cuando se pedía regulación pública de los Mercados o medidas intervencionistas del Estado en la Economía se decía que eso supondría algo así como una barbarie. Hoy día están pidiendo gastos mil millonarios a los Estados, inversiones de una magnitud titánica pero con la condición de que cuando pase la crisis se les vuelva a dejar hacer.

Y, mientras tanto, los que se empiezan a ver seriamente afectados por el crash no son los altos cargos de las empresas que desaparecen sino los ciudadanos de todo el mundo. Parece que la crisis va a lanzar el cielo sobre los trabajadores. Por un lado el paro comienza a repuntar a un ritmo estrepitoso. Por otro, estos gastos que están realizando los Estados tendrán que ser recortados de algún sitio y no parece que se vaya a tirar del presupuesto militar o a asumir un cierto déficit (esta es otra de las grandes condiciones del neoliberalismo: el Estado no puede estar en números rojos, aún habiendo déficits sociales), sino que se recortarán partidas en educación, sanidad, infraestructuras públicas, protección social… etc.

Si alguien pensaba que esto es lo más grave de todo; si alguien sostiene que la quiebra de bancos o multinacionales es el problema principal; o que vamos a encontrarnos (nosotros) en una grave situación económica los próximos años es que no ha ido a la raíz del problema… Las grandes empresas van a utilizar este proceso para destruir todas las conquistas sociales en materia laboral en Europa (la directiva Bolkenstein y el Tratado de Lisboa son el principio de ello) pero, sobre todo ¿alguien se acuerda de África? ¿Aparece África en los telediarios o en las portadas de los periódicos?

El continente pobre estaba viviendo de la poca ayuda al desarrollo que le daban los países ricos. Durante una de las últimas reuniones del G8 se decidió cortar de raíz o limitar considerablemente esa ayuda. Quizá estemos no sólo ante la pérdida de la hegemonía de los EEUU en el mundo sino en el principio de uno de los mayores genocidios “por omisión” de la historia (superando con creces al de la última década). Una oleada de hambrunas y guerras va a azotar medio mundo si no ponemos remedio y, mientras tanto, se decide como salvar la banca privada. ¡Me encanta la economía!

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