El pacto de la lealtad

Sinceramente, no creo que los problemas de IU se puedan (ni tampoco que se deban) solucionar en la Asamblea Federal. Visto lo visto, asistiendo a los despropósitos que se suceden uno detrás de otro y constatando las pocas expectativas que la mayoría están depositando en la Asamblea, lo mejor sería poner empeño en el después. Y que conste que no estoy diciendo que la Asamblea y sus decisiones no sean importantes sino que parece que estamos olvidando este otro asunto, que me parece igual o más importante ¿A qué me refiero?

Quiero decir que las diferencias ideológicas entre los bloques no son demasiado grandes (algunos opinan que ni siquiera existen). Haciendo un paralelismo que alguien hizo anoche en 59 segundos sobre el PP, en IU sólo hay una lucha de poder. Naturalmente, esta lucha por el poder es natural en cuanto que debe darse en el seno de las organizaciones. El problema con el que nos encontramos no es la propia lucha sino el significado que le demos a esa lucha, es decir, las posiciones que se tomen tras la misma.

Evidentemente, estoy partiendo de una situación de no consenso. No parece que vaya a haber una figura unitaria alrededor de la cual se reorganicen todos los grupos. Sin duda sería un gran alivio que esto ocurriese, pero bastante improbable.

Por esta razón digo que el problema no es tanto la propia Asamblea y las decisiones que allí se tomen sino las posiciones que establezcamos en relación con esas posiciones. Pueden darse varios escenarios, no todos demasiado convenientes. Una posible situación es que aquellos que consideren que sus posiciones eran las absolutamente correctas no se sientan identificados con la organización y la abandonen. Este es, sin duda, uno de los peores escenarios posibles aunque no el más malo. Supondría que la organización resultante podría contar con menos efectivos pero con una cierta lógica interna de acuerdos.

Otra de las actuaciones sería el boicot interno, sin duda el peor de estos “escenarios”. La mayor de las calamidades sería que surgiese un movimiento interno que, lejos de respetar la decisión asamblearia y colaborar (con sus discrepancias) en andar un nuevo camino, se dedique a dinamitar los intentos y a boicotear el desarrollo de los programas. No voy a entrar en valoraciones sobre si esto ha pasado o no (ya es hora de ir olvidando cosas del pasado) pero creo que es el mayor peligro al que nos enfrentamos.

Como escenario positivo vería el contrario a este, intermedio entre la figura unitaria y el boicot interno. Supondría la asunción de las diferentes partes de una suerte de “Pacto por la lealtad”.

Lo que quiero poner de relieve es que el futuro de IU no está tanto en que seamos o no de ponernos de acuerdo de cara a la Asamblea Federal sino si seremos capaces de asumir lo decidido en la misma, de si seremos capaces de ofrecer nuestro apoyo a un proyeco independientemente de que el coordinador sea de nuestro bando o del otro. En definitiva, IU saldrá adelante si somos capaces de constatar más lo que nos une que lo que nos diferencia

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2 comentarios en “El pacto de la lealtad

  1. Hola estimado amigo Domingo:

    Gracias por tu comentario en mi blog. Al mismo te respondo lo siguiente:

    Lo que propongo no es ir hacia el centro, lo que propongo es que la emancipación de la clase obrera debe de ser obra de ella misma, de no ser así no será.

    Lo que propongo no es que IU se ponga al servicio del PSOE o viceversa, sino que PSOE e IU, o IU y PSOE se transformen en instrumentos al servicio de la ciudadanía.

    Para que la definición de un partido como de izquierdas no sea una mera declaración verbal, ha de trabajar por crear seres humanos autoconscientes. Ha de desarrollar las capacidades creadores de esos seres humanos, ha de permitirles pensar por su propia cabeza e incluso permitirles que se equivoquen, pues así es como se aprende. Hay que abandonar, como nos indicaba Marx, las fantasmagorías; hay que luchar contra las estructuras, no perder y enredar el tiempo en lo superestructural.

    De que me vale a mi como ciudadano otra ley electoral más proporcional, esto lo único que habría hecho sería dilatar la situación en IU; hubiera posibilitado esconderse, maquillar la situación que se vive, tras los diputados obtenidos.

    El otro día me dirigían un comentario que decía: He visto muchas revoluciones, pero ninguna democracia. Esto es lo que hemos de hacer. Todas las revoluciones serán fracasadas sin democracia. Sin preocuparnos por modificar las relaciones sociales y de producción. Y avanzar en modificar las actuales relaciones sociales en favor de los trabajadores significa orientar la acción política según los criterios de estos.

    Los partidos políticos no han de ser fines en sí mismos, sino instrumentos al servicio de la ciudadanía.

    Recibe un cordial saludo.

    Atentamente, Javier Caso Iglesias.

  2. Estimado Javier Caso:

    Ya te he respondido en tu blog varias veces. No entiendo muy bien la razón por la que metes este comentario en este post. De todas formas, me alegra que me leas y que me escribas. Aunque me gustaría que estuviesen relacionadas con los artículos.

    Y lo digo porque, aunque pueda parecer que está relacionado, no lo está. Esta respuesta viene a un comentario que yo te hice acerca de tu propuesta de crear un partido político o una agrupación conjunta entre IU y PSOE. No voy a entrar más en valoraciones sobre esta posibilidad por la sencilla razón de que ya lo he hecho.

    Aún pareciéndome lógicos algunos de tus argumentos sigo creyendo que el valor de la democracia está en la diversidad. No sería coherente que una formación como IU fomentase el bipartidismo. Entre otras cosas porque perdería algunas de sus señas de identidad.

    No olvidemos que el PP y el PSOE piensan lo mismo en los temas esenciales, y no parece que IU tenga mucho que ver con esos planteamientos.

    Sobre lo que ha dicho tu amigo Celedonio sobre la ley electoral, me parece una valoración muy alejada de la realidad. Cierto es que en otras épocas IU tenía muchos más diputados con la misma LOREG pero esto también debe analizarse a través de los contextos históricos. Actualmente predomina un bipartidismo fomentado mediaticamente que no era tal en los comienzos de la democracia española. Su reflexión denota un aire de “justificación freudiana” que me parece bastante demagógico

    La verdad es que te contesto, como habrás observado, menos sistemáticamente a como lo hago en tu blog pero me pillas en un momento un poco apurado.

    Un saludo

    PD: Es un placer discutir contigo, pero este tema lo doy por zanjado. Nos vemos

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