Los domingos, música para las fieras (V)

La semana pasada no dejé entrada musical, no recuerdo exactamente las razones, pero las había. Sea como fuere, hoy traigo a Gary Moore, quien hace una semana nos dejó. Apareció muerto en un hotel de Estepona. Otro músico muerto en extrañas circunstancias, ¿qué tendrá esta profesión?

El domingo, música para las fieras (IV)

Esta semana os dejo con un precioso tema de Nina Simone, y en directo:

El domingo, música para las fieras (III)

Esta semana traigo un tema del que guardo muy buenos recuerdos. No sólo porque Chano Domínguez tenga un gusto exquisito y una capacidad de composición maravillosa, que también; no porque escuchar sus discos suponga una delicia, que también. Sino porque me sitúa mentalmente en casa de Geni y Pedro, cuando se ponían a tocar, el uno con su piano y el otro con el acordeón y yo les acompañaba como podía con la guitarra. Geni estuvo un tiempo con partes de este tema, y escuchábamos horas y horas de este genial Chano…

Por cierto, para quienes no lo hayan hecho, vean el tremendo documental en el que está incluido este tema: Calle 54.

 

El domingo, música para las fieras (II)

Sé que te gusta, y a mí poco a poco también. Será que me estás ablandando…

El domingo, música para las fieras

Django Reinhardt fue un gran músico, sin duda. Lo más llamativo es su forma de tocar, pues sólo utilizaba dos dedos de la mano derecha, gravemente dañada tras un incendio en su caravana volviendo de un concierto.

Aquí le podemos escuchar junto a Stéphane Grappelli, uno de los grandes violinistas del siglo XX. ¿Alguien niega que este Gypsy Jazz es una música deliciosa? Los años 30 y 40 eran maravillosos pero la guerra siempre es una buena excusa para cargárselo todo.

Una noche mágica

Ayer viví uno de esos momentos que no se olvidan nunca. A pesar de que nuestras entradas estaban en la grada alta y que objetivamente el Multiusos Sánchez Paraíso tiene una sonoridad desastrosa, Alba y yo pudimos disfrutar de la elegancia de quien no tiene nada que demostrar a estas alturas.

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Una Refundación Simpática

En música se estudia un fenómeno con una enorme belleza metafórica: la vibración por simpatía. Ocurre que si yo en mi guitarra (o en un piano) toco una determinada nota (digamos por ejemplo un “re”), la cuerda del “re” se pondrá, misteriosamente, a vibrar ella solita emitiendo un sonido muy tímido. Lo más intrigante y espectacular del asunto es que no sólo se ponen a vibrar las cuerdas que tienen la misma frecuencia sino también aquellas que la tienen similar o guardan cierta relación. Así, si toco una nota “do” cerca de un piano de cola, es fácil que el “do” comience a vibrar claramente, pero si afino un poco más la mirada podré percibir como el “mi” y el “sol” también se excitan, por así decirlo. Esta es la razón por la que vibran las ventanas cuando pasa un energúmeno con la música como si la tuviese que oír todo el vecindario.

Lo que de verdad ocurre es que se activan ciertos armónicos que esas cuerdas tienen en común y comienzan su particular danza, cada una con su intensidad y su duración particular, dependiendo de la “distancia” que separe a las frecuencias y de la fortaleza (llamémosla así) de su relación. Efectivamente, las cuerdas del “do” vibrarán mucho más que las del “mi” puesto que son idénticas y éstas a su vez vibrarán algo menos que las del “sol” porque su relación es menos fuerte.

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