Piensa en verde.

Suena el teléfono. “¿Sí? ¿qué tal ha ido?”. A partir de entones, el relato de cómo lo que comenzó siendo una concentración se convierte en una multitudinaria manifestación que llena la Gran Vía salmantina.

Lo mismo ocurre en el resto de capitales de provincia. Tras paralizar con rotundidad los servicios educativos, docentes, alumnado, padres y madres son acompañados por el resto de la sociedad en un democrático ejercicio de repulsa ante los terribles recortes educativos del Gobierno.

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En defensa de la pública

Dinamita al Bienestar

Hoy escribo más tarde. Como un iluso, he esperado a que se fuera desarrollando el debate sobre ese decreto sobre medidas sanitarias y con la esperanza de que hubiera algún movimiento, alguna modificación, siquiera una intención de conseguir algún tipo de debate. Nada de nada.

La tramitación se realiza de una manera, como Real Decreto Ley, que ni siquiera se puede hacer una argumentación razonable pues únicamente permite una intervención por grupo. ¿Alguien cree que puede haber un debate sobre la esencia del Sistema General de Salud con una intervención por grupo? ¿es que tocar el núcleo del Estado del Bienestar español no merece siquiera la posibilidad de que los distintos partidos presenten enmiendas? Es injustificable que se produzca, como ha señalado Gaspar Llamazares, un estado de excepción legislativo.

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Sin debate no hay democracia

En un reciente artículo publicado en El País, Ignacio Sánchez Cuenca nos alerta de cómo la amenaza de instaurar un gobierno de expertos al modo platónico ya no pasa por los filósofos, sino por los economistas. Economistas que dictan las reglas del mercado, economistas que acceden a instituciones internacionales, economistas que salen de esas instituciones antes de que quiebren, economistas que toman las riendas de bancos, economistas que salen de los bancos antes de que quiebren, economistas que toman las riendas de países sin elecciones de por medio…

La mitificación del científico, esa capacidad de los técnicos de hablar como si estuvieran en posesión de la verdad, arrastra tras de sí el propio ideal democrático, pues sitúa al ciudadano en una posición de incapacidad y ostracismo.

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Cuentos del presente

Dice Juan Carlos Monedero que con malos cimientos se levantan débiles edificios. Y quizá una de las debilidades de nuestro edificio democrático sea que nunca nos han dicho lo desnudo que está. Como si de un traje para un emperador se tratase, políticos, historiadores y opinadores de todo tipo han ido tejiendo una visión más que amable de la llamada Transición.

Una lectura histórica en la que se dan por zanjadas cuestiones que no lo están y en cuyo relato conviven contradicciones de gran calibre y mentiras sobre la construcción democrática. Un cuento que nos lleva al abismo al argumentar que fueron los del pasado franquista los que levantaron la democracia, frente a los demócratas republicanos, que quisieron destruirla. Sólo así se entiende que los protagonistas no sean aquellos que murieron defendiendo el orden constitucional frente a un levantamiento militar ilegítimo y una criminal dictadura, sino quienes participaron en el golpe, lo defendieron y evitaron condenarlo (incluso hoy).

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Sanidad condicionada

Tengo 26 años. He estudiado dos carreras y un Máster y en estos momentos he comenzado mi doctorado. Hace tiempo que no veo a quienes estudiaron conmigo el bachillerato y la Diplomatura. Gente con mi misma edad; algunos habrán tenido suerte, y estarán trabajando; otros habrán decidido continuar sus estudios con una beca y se doctorarán en uno o dos años. Pero estoy convencido de que habrá un numero considerable que, tras hacer su licenciatura y un Máster (pagado a como se cotizan, que no es poco), todavía buscarán su primer trabajo con la desesperación de saber que hay un 50% de paro juvenil.

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El PP nunca votará en contra

Vengan comidos de casa. Y, una vez comidos, pasen y vean el rodillo del PP y sus formas clamorosamente antidemocráticas. 

Creo que ya lo he contado alguna vez, pero no está de más repetirlo. Pasadas las elecciones municipales, una tarde recibí una llamada de Julio Anguita para invitarme a tomar un café en la terraza de un bar de la plaza mayor. Al final me empeñé en pagar yo, adquiriendo el compromiso de que la siguiente vez podría pagar él (como así ocurrió a las pocas semanas). Durante la conversación salieron temas de todo tipo. Hablamos más de lo humano que de lo divino, aunque algo también le tocó al padre celestial, pero especialmente del Ayuntamiento.

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Jefe de Estado a la francesa.

Este fin de semana se juega, en parte, el futuro de Europa. En nuestro país vecino, ese al que siempre hemos mirado de reojo, con una mezcla de resquemor, celos y antipatía, se producen unas elecciones históricas. No es nuevo para nadie que de lo que allí ocurra depende en gran medida el devenir de los acontecimientos en esta Unión en crisis.

Las presidenciales francesas, de ser seguidas con cierto rigor por parte de los medios españoles, nos mostrarían algunas facetas que, como mínimo, sorprenderían. En primer lugar, la pasión que siguen poniendo los franceses en la política. Frente a la desafección que muestran el CIS, las barras de los bares y los datos de abstención, en Francia la vida pública continúa preocupando (y ocupando). Para muestra un botón, hoy día en España sería impensable que acudiesen decenas de miles de personas a cada uno de los mítines de los candidatos. Y mucho menos al mitin del candidato de la izquierda alternativa.

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La República, ese proyecto de país

Me encanta:

También hablan de “la Tercera”:

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Hoy, la República

Al comienzo de la crisis, cuando se atisbaba en el horizonte un futuro complejo e incierto, hubo voces que alertaron de la relación entre la precarización social y el surgimiento de los totalitarismos y las dictaduras. No eran pocos, y quizá entre ellos había quienes pensaban que el control social que llegaría no sería tanto de carácter militar sino más cercano a la distopía de Orwell, a un 1984 en pleno siglo XXI. No obstante, ese control sibilino, materializado en la precarización laboral, la destrucción de las estructuras sociales (especialmente de los sindicatos) y el asentamiento de unos mass media dependientes de grandes corporaciones empresariales no parece haber sido suficiente.

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